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1 decir que Agustín tenía un ángel. Un poco más ó un poco menos de lo que dice la gente de una persona que agrada: tiene ángel... II Lomo Juan, el discípulo amado de Cristo, pasaba Agustín la vida puro y sin contacto de pecado original. A veces, en todo el esplendor de sus veinticuatro años, sanguíneos y exuberantes, la Naturaleza se rebelaba con espasmos nerviosos, con deseos que parecían fiebres; pero constantemente triunfaba la voluntad de aquellas impurezas. En lo luás hondo de sus delirios escucbaba la voz del ángel, y el demonio huía y el cuerpo se limpiaba de calentura. III Igual que Agustín, Pilar era uuc criatura moralmente perfecta, con la sola diferencia de que el ángel de su guarda no luchaba con tentaciones, sino que iba apartando cuidadoso las negruras de la realidad antes de que rozaran la inmaculada blancura del alma de Pilar. Cándida, inocente... había cumplido los dieciocho años, y su espléndida envoltura terrena era: un pálido reflejo de su inconsciente y mágica bondad. IV Pilar y Agustín se encontraron un día casualmente, y desde aquel día se adoraron. No fué un rayo, una explosión, sino una idea tenue y discreta que les hizo comprender que podían llegar á quererse, cuando se querían ya los dos apasionadamente. Y empezó el idilio. Miradas, palabras furtivas, cartas qiie publicadas serían ridiculas, por ser sencilla- mente tiernas, y al fin, el consentimiento mutuo de las familias señalando de acuerdo la fecha de la boda. V A 20... á 21... El I.o del mes siguiente sería el matrimonio, y apenas si un trémulo y rápido choque de sus manos, al saludarse, les advertía que iban muy pronto á descorrer santamente el velo con que la civilización desfigura á la Naturaleza. I a noche de bodas, próxima j- a, no les angustiaba con delicias de imaginación. Llegaría por sorpresa, y á fuerza de sorpresas mutuas, de instintos y de cariños se consumaría lo inesperado... VI Era la víspera. Sobre el sofá del gabinete, cuidadosamente extendido el traje blanco, y al lado, en amplio pañuelo de seda, las ramas de azahar olorosas y flexibles. De noche ya. Ea madre de Pilar había bajado un momento al cuarto de una vecina, dejando á solas los novios con la absoluta confianza en sus propios caracteres, y, sobre todo, en la proximidad del matrimonio. Ea buena señora se alejaba confiada, aunque sentía revolotear recuerdos que ahora parecían malicias. Pero en su lógica de mujer y de madre, encontraba humana aquella concesión; la visita á su vecina uo era una razón, sino una indulgencia. Teniendo hijas casaderas, la alta política maternal se compone de mucha severidad y de algunas distracciones oportunas... VII Pilar y Agustín hablaban en un rincón, proyectando su vida á dos en lo futuro. Se encontraron