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t PERSONAJES ESTRAFALARIOS C R I S T Ó B A L EL C I E G O N los Apotegmas políticos del portugués Pedro José Suppico se lee esta graciosa anécdota: D. Pedro Calderón hurtó unas peras á Luis Vélez, y como ambos improvisasen una comedia de La creación del mundo delante de Felipe IV en sus saraos privados, haciendo Calderón el papel de Adán, y Luis Vélez el de Padre eterno, dijo aquél de repente: Padre eterno de la luz, ¿por qué eu mi mal perseveras? A lo que respondió Vélez: Porque os comisteis las peras, y juro á Dios y á esta cruz que os he de echar á galeras. Hizo luego Adán larga relación y extenso alegato disculpando su hvirto y descubriendo otros de L, uis Vélez, quien exclamó con regocijo universal: Por el cielo superior y de mi mano formado, que me pesa haber criado un Adán t a n hablador. poetas y el mismo monarca hacían gala de su facilidad para componer versos de repente, y D. Casiano Pellicer, en su Tratado histórico sobre el origen y progresos de la comedia y del histrionismo en España, hasta ss lamenta de que a principios del siglo x i x no se Bracticara tan ingenioso ejercicio. Como era. este rey de agudo y vivo ingenio, dice refiriéndose á D. Felipe IV, se deleitaba en componer comedias de repente, juntándose los principales ingenios de la Corte en su palacio del Buen Retiro, donde había hecho fabricar un teatro magnífico; ejercicio ingenioso usado en aquellos tiempos y que sería difícil de continuar en éstos por falta de gusto público y escasez de buenos poetas é improvisadores. II Entre aquellos improvisadores que han llegado por sus versos y novelas á ser justamente famosos y que formaban una especie de corte poética del rey D. Felipe IV, figuraba también un hombre del pueblo, tosco y sencillo, muy conocido entonces en Madrid, porque, al decir de los cortesanos, mostraba gran habilidad haciendo coplas de repente con primor y propiedad de palabras y muy á lo cortesano Era Cristóbal de Ciempozuelos, ó Cristóbal el ciego, como generalmente le llamaban, que como aquella otra ciega de Manzanares que en el pasado siglo XIX fué muy popular, no sólo asombraba á cuantos le oían por su pasmosa facilidadtipara improvisar versos, sino que logró que le escuchasen con admiración y le favoreciesen con sus mercedes las personas reales. Cristóbal el ciego, fué llevado á Palacio, donde le celebraron y aplaudieron, consiguiendo la protección del rey; quien le señaló una pensión y le hacía tomar parte en algunas fiestas palatinas. Si en ellas sus ojos Refiriéndose á aquellas fiestas particulares con que, se solazaba el rey poeta el abate D. José Marchena, en el discurso preliminar de sus Lecciones de Filosofía moral y elocuencia, truena contra ellas en los siguientes términos: Las anécdotas del siglo xvii han conservado la memoria de las comedias de repente que en el cuarto del rey se representaban, sacadas casi siempre de hi. storias de la Escritura, tratadas á lo burlesco, en las cuales hacían igual papel los más ilustres ingenios y el mismo rey, y en que llegaba la befa de los más sagrados misterios á tanto, que ordenado Calderón de sacerdote, se abstuvo por escrúpulos de seguir participando de ellas. No todos los escritores han hablado con tanta severidad de aquellas íntimas diversiones, en que los