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3- í N fe í. s LA PARÁBOLA DE LA VANIDAD AY ima plaza llena de ñores donde á mí suele gustarme tomar el sol, ver los peces que corren en el estanque y seguir el paso grotesco de los patos. En el centro de esta plaza silenciosa, llena de árboles! 3 aguas tranquilas, vive un lindo pavo real, grande, brillante, magnífico, que es el asombro de los niños y á quien yo contemplo también con la más alta admiración. El sol le envía sus ra 3- os más ardientes, y ante la caricia del sol, las plumas del ave relumbran como si fueran láminas sutiles de oro. Acariciado, admirado y lleno de vanidad, el pavo real suele caminar gravemente, sin ruido ni turbación, adelantando su fina cabeza y picoteando en el suelo. Una palmera enana abre sus hojas delante del ave, como humillándose; los demás árboles están inmóviles y taciturnos viendo al glorioso pavo real. En cuanto á los patos, con sus piernas zambas v- sus enormes picos, todos están parados en el borde del estanque sin atreverse á andar, avergonzados de su torpeza. ¡Ah, qué linda y qué espléndida ave... El pavo real camina por el césped sin mirar á nadie; alza luego la cabeza, estira el cuello y hace una gallarda ondulación; y cuando ha dominado todo el jardín, cuando ha visto el asombro y la envidia de los demás seres, yérguese de pronto y abre el abanico de sus plumas... Son plumas largas, y cada pluma termina en un á modo de corazón; dentro de este corazón simulado hay matices azules, verdes, dorados, cobrizos; y toda la cola, tal como aparece abierta circularmente, relumbra lo mismo que un haz de joyas. Mientras tanto, el cuello del ave se hincha; una vanidad insuperable la tiene como ensimismada, como en éxtasis. Pero he ahí que de entre el ejército de los patos ha salido una voz iracunda. ¡Vanidoso... parece haber dicho aquella voz. Entonces el pavo real se ha contoneado más gallardamente que antes y ha levantado aún más la cabeza. -Sí, soy vanidoso; ¿y qué? -ha respondido la espléndida ave. -Yo soy la riqueza que se ofrece á la admiración; soy el oro que se deja codiciar; soy la joya á quien se ama y á quien se odia á la vez. Yo represento la aristocracia de los seres, y tengo como el galardón más grande de mi valor, el odio, la envidia que me sigue humillada 3 babeante. Soy como el sol, á quien aborrecen los animales inmundos y viles; pero ante los buenos y humildes seres, 3 0 soy como el sol, que nunca me reservo, y me ofrez o siempre á la adoración. ¡Adoradme! Pero aunque me envidiéis, ¿qué me importa? Envidiadme y odiadme: ese será el mejor contraste de mi hermosura. Ya que soy como la joya, quiero ser una joya tan divina que nadie pueda poseerme y todos quieran odiarme. Soy lo que está en la cima, soy lo que se admira en silencio, soy lo que se envidia, lo que se odia. Los que sois pequeños 3- feos querríais que fuese yo humilde; cuando tratara de disculparme de mi excesiva c involuntaria belleza, cuando mendigase vuestra alabanza, entonces vosotros os erguiríais solemnemente y seríais amables, y confesaríais que, en efecto, yo soy un ave hermosa. Quisierais que mi belleza naciese de vosotros, como una merced... Pero no, yo soy bello y magnífico á pesar de vosotros, pequeños, cobardes, feos seres. Quiero que mi hermosura no os deba nada. Quiero ser por mí mismo, á pesar de vosotros, por encima de todos los rencores. Odiadme, envidiadme. Yo soy la vanidad, la rica vanidad, la que todo lo puede, la que h a originado, las mayores acciones y las más heroicas... Soy la vanidad. Y el ave se enderezó cuanto más pudo y revolvió á todos los lados su ancha cola de oro, de esmeralda, de topacio, de rubí. En aquel momento los patos graznaron fieramente, se chapuzaron en el agua, se agitaron y se atumultaron. Xos gorriones saltaron de las ramas al suelo, del suelo á las ramas. Eos rojos pececillosborbotaron á flor de agua. Se conmovieron los árboles- -algunos de ellos comenzaban á florecer. -Todos parecían protestar con la más grande indignación. Menos el sol, que derramaba el torrente de sus ra 3 os sobre la ancha cola del pavo real. -Ea vanidad de la joya, la exuberante riqueza, lo múltiple, lo espléndido, lo inalcanzable, esto es lo mejor- -decía el ave. Pero de repente vino una paloma al jardín, voló, se posó en un arbolillo y contempló al pavo real. Tenía las plumas todas blancas, un pico amarillo, unos ojos tiernos y vivaces, y gritó: ¿Veis? yo soy lo mejor. Yo que soy sencilla, amable, tierna y libre, libre. Y los gorriones replicaron: ¡Pi, pi, pi! ¡Sí, sí, sí! Eo mejor, lo más rico, lo más bueno, es la libertad. Nosotros somos libres, los gorriones ni siquiera de la hermosura dependemos, como tú dependes de tu lujo, hermoso pavo real. Eres es clavo, de tu lujo, mientras que nosotros tenemos la vanidad de ser sencillos y libres. Eo mejor del mundo eá la libertad, la libertad, la libertad... J. M. SAEAVERRIA DIBUJO DE lÜ. ESP M