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2 W i sta ciuuau ue enanos fuertes y robustos mató á esa otra ciudad de gigantes débiles y pálidos. Y ¡oh! qué luchas tan horribles se sostienen entre 1 is habitantes de la ciudad que á vivir empieza y los de l a c i u d a d qUe l e n t a m e n t e m u e r e Muchos años de pelea les ha costado conseguir el triunfo á los enanos... Socavaron mil y mil veces la tierra por diferentes partes, con intención de vivir á la luz del sol, en donde la batalla les ofrecía más grandes éxitos; pero cuando sus trabajos estaban próximos á tocar en el fin, las raíces de los grandes ái boles les destruía la tarea de un año en un día, en una hora, en un segundo... Iva lucha era titánica. Los viejos cargados de años amaban sus vidas; no estaban dispuestos á perderlas y defendíanse, porque conocían las ideas de sus adversarios. Se veían atacados por millones y millones de retoños, que en sus propias raíces brotaban, robándoles la savia que tanta falta les hacía y amenazándoles con una muerte que, por derecho de vida, les correspondía; pero ¿para qué privarles de la alegría de vivir, cuando aún de ella podían disfrutar... I Os gigantes pensaban que sus cuerpos sucumbirían antes de tiempo, y que en el mismo sitio en que ellos se alzaban majestuosos, majestuosos también se alzarían los enanos, que hoy no sienten piedad por los viejos y no comprenden que esa existencia que tienen á ellos se la deben. Al pensar esto montaban en cólera y se resistían y con sus pies intentaban aplastar á todos aquellos que les gritaban; ¡Ivuchamos por nuestra vida, que vosotros viejos achacosos, intentáis robarnos! Estas palabras se repetían con frecuencia y siempre tenían la ruisuia contestación, pronunciada por uno de los más viejos y más débiíes gigantes: -Nacisteis al calor de nuestras raíces; os dimos vida para muchos años, creyendo que sabríais respetar nuestros ya inclinados cuerpos, y, en vez de damos entre todos algo de savia para que en pie podamos sostenernos ésta primavera 3 contemplar todas sus bellezas, queréis quitarnos la poca vida que nos queda, como si no tuvieseis bastante con la que nosotros os dimos. Porque os veis fuertes, queréis destrozarnos, sin comprender que si ahora podéis vencernos, no hace mucho pudimos exterminaros antes de nacer. Los enanos gritaron y apostrofaron al viejo que así habló, y éste, al comprender que moriría arrastrado por aquella plebe... sin poder recibir el adiós de la última primavera de su existencia, dejó caer la única hoja que en una de sus más altas ramas ostentaba orgulloso, y aquella lágrima lanzada al viento fué el adiós que á la primavera dio momentos antes de su muerte. ¡Qué carcajadas saltaron de los labios de aquellos que la vida de los viejos precipitaban... ¡Qué gritos de alegría salieron de los pechos de los malvados enanos, al ver que aquella brisa tan suave arrancaba l a ú n i-