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t Vi -i j 7 1 W J Í 1 n, t V í fí- í s i V I LA ESPIRITUALIDAD DE UN PUEBLO EG ó Margarita, Bess ó Isabslita, Maud ó Matilde viven eu una casita de campo: en este campo bajo, ligeramente ondulado, tranquilo y silencioso que se extiende entre Olney y Weston, en el condado de Buckingham. Aquí en esta campiña es donde el poeta Cowper- -que iué tan infortunado- -vino á retirarse y pasar el resto de sus días, cansado de los ruidos de las ciudades y de las impertinencias, codicias y perversidades de los hombres. Meg, Bess y Maud, que viven aquí con su madre, tienen la casa limpia, reluciente; todo está en ella en orden; no falta nada de toda ¿esas cosas que en una casa nos proporcionan la comodidad; no se percibe en ella ningún ruido; rodéala un ancho huerto con frutales y flores, y Meg, Bess y Maud, todas rubias, todas finas, todas delicadas, con anchos ojos azules y amorosos, van ligeras y silenciosas por la casa ó pasean por esta umbría que la rodea, tal vez con un libro de este querido y desgraciado Cowper en la mano. Todo es felicidad en esta casita de campo. Sin embargo, un ojo observador descubriría una sombra; en esta casa hay un ancho y claro despacho que no se abre sino de tarde en tarde; la mesa de trabajo nadie la toca; en el sillón que hay ante ella nadie se sienta. Es que el hombre que trabajaba en esta cámara ha desaparecido, ha muerto. El era el padre de estas lindas muchachas; era uno de estos tipos de sabios, de observadores ingleses que se dedican á la geología, á la entomología ó á la botánica, que hacen su obra pacientemente, en silencio, que traen su piedrecita al edificio del saber humano, y que luego desaparecen modestamente. H a y en estos sabios aquella hombría de bien, aquella sencillez y aquella afabilidad del gran Carlos Darwin. ¿Cómo se ha de olvidar en esta casita de campo la figura de esté querido y buen anciano que aquí vivía? Ni la viuda, ni Meg, Bess y Maud podrán nunca olvidarle; su recuerdo constituye este dolor mudo y discreto, esta pena é inefable melancolía que antes hemos dicho que descubriría en la casa un observador. Y todos los años cuando llega la época del aniversario, ellas escriben unas lílieas y las envían alDazly Telegraph. Estas líneas dicen así: Gray (James) -In ever- loving memory of darling papa, who íell asleep on Oct. r 6, 1902, at Weston. -Meg, Bess and Maud. Lector: si revisas un periódico inglés, verás, entre los anuncios, una sección que se titula In memoriam; en ella los buenos corazones, como éstos de quienes hemos hablado, publican todos los años, en vez de una esquela fría é inexpresiva, unas líneas en que se rememora con: amor, con efusión, la persona del deudo perdido, muerto. Y éste es uno de los rasgos de la espiritualidad, la profunda espiritualidad de este gran pueblo. Dos cosas hay en las naciones que han alcanzado un alto grado de civilización que nosotros quisiéramos ver cada vez más fortalecidas, más arraigadas: una, la veneración á los viejos que han tenido una vida de trabajo y de honor; otra, el culto á la memoria de los seres queridos. íi AZORIN DIBUJO D MÉNDEZ BltlNOA