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i 4 LAS HERMANAS ANTÚNEZ o crean usteaes que se trata de algunas famosas acróbatas. El título parece, eii efecto, arrancado de un programa: de circo. Está pidiendo unos compases de vals cadencioso, unas mallas color carne y un tablero con resina... ¡Las hermanas Antúnez en el trapecio... ¡Gran atracción de la temporada... Como sonar, suena bien el numerito; pero no va por ahí A cronista. (Esto del cronista se lleva ahora mucho. El cronista conoce á las verdaderas hermanas Antúnez, y jamás las ha visto ejecutar ejercicios gimnásticos, salvo los volatines que todos nos vemos obligados á dar en esta vida titiritera. Y como el cronista las conoce, va á intentar describirlas. Poned atención. No son las hermanas Antúnez un prodigio de hitlleza. Más hien ¿i raná feas dentro de su vulgaridad; pero las facciones de la. pequeña conservan cierta graciosa armonía que no existe en el rostro de la, mayor. Tan nimia diferencia ha sido causa de que el público callejero llamé a lá menor a y á la otra infeliz la fea, siendo así que no se llevan ambas en punto á belleza ni el canto dé una uña. En lo que se esmeran las hermanas Antúnez es en el vestir. Ea moda es cuidadosamente estudiada por ellas. Su posición no las permite tener gran número de trajes. De aquí la necesidad de que el único que poseen sea irreprochable. Ea defensa de las de Antúnez está en ser las primeras en lanzar las nuevas for- mas. Para eso consultan los periódicos y revistas del extranjero, tomándose el trabajo de buscai: por sí mismas las telasy decoiifeccionarse, sin intervención de la modista, sus propios vestidos. Porque eso sí, las hermanas Autúnez son listas y dispuestas para todo. De esta manera consiguen que al tropezar en la calle con sus aríiigas, éstas las digan, admiradas: ¡Chicas, qué elegantísimas vais... ¡Vosotras siempre á la última... i Y de este modo logran cierto aire ekic que las hace atractivas, rodeándolas de cierto respeto. Porque no son las hermanas Antúnez dos ÍKW 2 J ífeclaradas como tantas otras fióbres trotonasqüé jamás se sa, be quiénes son, ni se las. ve en otra parte que eh Recoletos. Ios- domingos por l a t a r d e No; las de Antúnez ocupan un escalón más alto. Son hijas de un magistrado, frecuentan los espec- Eas hermanas Antúnez son dos muchachas pálidas, casi iguales de estatura é idénticamente ataviadas, que pasean por Madrid hace muchos años á derecha é izquierda de su resignada mamá. Vosotros las conocéis y todo el mundo las conoce. Aun aquellos que nunca las trataron dicen con familiaridad al verlas pasar: ahí van las de Antúnez. Y es que abundan tanto y se las ve tan continuamente por calles, paseos, reuniones y teatros, que acaban las gentes por acostumbrarse á ellas y por considerarlas conio aderezo indispensable en todo guiso.