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UNA VISITA AL CASTILLO DE SAINT- POINT quince ó veinte kilómetros de Cltmy existe un santuario al qtic constantemente acuden peregrinos de diveasos países y de todas las regiones. Es un lugar bendito para todos aquellos que sienten intensamente en su alma el amor al arte y rinden culto al sentimiento de la inteligencia. Hablamos de la residencia en que vivió en los últimos años de su vida el inmortal Lamartine. Hasta hace pocos años estuvo habitado por los descendientes del ilustre poeta. En la actualidad lo ocupan personas extrañas á la familia, las cuales, no obstante, rinden culto y veneración á las habitaciones que ocupó el inmortal escritor. Con la misma devoción y respeto que la Iglesia conserva las reliquias de sus santos, así se guardan y veneran en el castillo de Saint- Point los objetos que pertenecieron á Lamartine. Ninguna mano profana ha osado cambiarlos del lugar en que él los dejara. La cama, el armario, la mesa de trabajo, la modesta biblioteca, compuesta de pocos volúmenes y en los cuales lo místico y lo profano se confunden, todo muy limpio, sin deterioro, tal y como estuvo antaño, nos ofrecen la grata é intensísima sensación de unirnos íntimainente al romántico y genial poeta Cuando contemplamos todos los objetos que á él pertenecieron, todo lo que le fué grato, el recuerdo se hace tan intenso, que la imaginación pierde la noción del tiempo que ha transcurrido, y Lamartine se convierte en un amigo ausente de nuestros días y al cual esperamos ver aparecer por nuestras puertas de un momento á otro. LAMARTINE El tapiz que contempla: nos en el dormitorio fué tejido y bordado por manos cariñosas: la mujer del gran poeta; las pinturas que decoran las paredes también son obra de las mismas manos; representan retratos de familia, qae el cariño de aquella que supo rodear al grande hombre d e afección y satisfacciones legó á la posteridad y en un tiempo á los ojos de aquel que todo lo merecía. La habitación de trabajo ostenta aún la misma tela de cretona, de listas azules y blancas, con que el poeta la maridó tapizar, para impedir que el ruido de las campanas de la cercana iglesia interrumpiese sus horas de. trabajo. Cuando penetro en esta habitación de reducidas proporciones, una sensación de pequenez me invade el espíritu, me siento como aprisionada dentro de una caja. El gran poeta gustaba, sin duda, entregarse al trabajo en reducidísimo espacio de terreno. Con sólo abrir las puertas de su habitación se desplegaba ante su vista un paisaje maravilloso. El parque de su jardín en primer término, y allá, en el fondo, perdiéndose en la lejanía, la montaña verde, inmensa, majestuosa, Lamartine decía: El jardín es como una prolongación de la vida humana; las plantas, las flores y los árboles son depositarios de nuestras sensaciones, de nuestros recuerdos. Por esto no me sojprende que la residencia que le fué tan grata, tan querida, esté cultivada con esmero, y que los crisantemos, las rosas y loa lirios florezcan espléndidamente y con profusión en la terraza del castillo del sentimental poeta. Las turistas sentimentales llevanflores como ofrenda al poeta. Depositarlas en las habitaciones de un castillo no satisface á las almas soñadoras y románticas; necesitan sentirse atraídas por un contacto más solemne, más solitario. Esto l a encuentran e n el cementerio de Macón. Enlafaldade la io. taña donde está asentado el humilde camposanto, existe una cruz, de piedra, una verja la rodea, y grandes- árboles le prestan sombra. Laifcumba de Lamartine se encuentra solitaria en una campiña s ó l o frecuentada p o r los peregrinos que rinden culto al genio del hombre inmortal. Allí los veo renovando las corouas de flores naturales q u e s e han m a r c h i t a d o por otras llenas de colores, p e r f u m e s y lozanía. Veo también una joven h e r m o s a pálida, con ojos profundos y soñadores, depositar en u n relicario una flor que ha muerto besando lapiedra funeraria. f- i A. DE G Ó M E Z CARRILLO GABINETE DE TRABAJO DE LAMARTINE