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Esto me lie traído á la memoria un baile, A Jarabe, que si bien algo atenuado, se introdujo también en España, procedente de Méjico, y por lógica relación ¿e ideas me h a recordado ia singular fisíura de un III Algo más que la pila dejó el buen virrej á quien se tenía por más propio para gobernar una. aldea de 40 vecinos que el vasto virreinato de la llamada Nueva España Y ese algo es el bando siguiente, impreso en papel del sello 4.0, para los años de 1802 y 1803, de que se conserva un ejemplar en la Sección de Varios de la Biblioteca Nacional (P. 10, f. o. Carlos IV) DON F E E I X B E R E N G U E R DE MARQUINA, Tenieíite General de la Real Armada, Virrey, Gobernador 3- Capitán General de esta N. E. Presidente de su Real Audiencia Superintendente general Subdelegado de Real Hacienda, Minas, Azogue y Ramo del Tabaco, Juez Conservador de éste, Presidente de su Real Junta, y Subdelegado general de Correos en el mismo Reyúo. á Q ín el mes de Octubre último llegó á mi noticia, con mucho sentimiento de mi corazón, que en esta Capital y otros Eugares del Reyno se iba introduciendo un Bcijle noiahr 3. do araz e Gatuno, que poT sus deshonestos movimientos, acciones y canto, causaba rubor y desagrado aun á las Personas de menos delicada conciencia. Sin demora mandé instruir el virrey que en la capital de Nueva España lo prohi- respectivo Expediente, á fin de providenciar lo oportuno con el acierto que en todo deseo; y con esta mira oió á fines del siglo xviii bajo severas penas. lo pasé por voto consultivo a l a Real Sala del Crimen, II que acaba de devolvérmelo. A mediados del año de 1800 cesó en el cargo de De conformidad con el- dictamen de aquel Tribuaárrey el venerable D. Miguel José de Azanza, á quien nal he resuelto prohibir absolutamente, como desda los historiadores proclaman por el virrey más sabio, luego prohibo, el indicado Bayle del Jarabe Gatuno, político y amable que ha tenido Nueva España. declarando que los transgresores incurrirán y sufriPara reemplazarlo fué nombrado D. Félix Beren- rán la pena de vergüenza pública y dos años de Pre, guer de Marquina, que era el tipo opuesto: ignorante, sidio; las mujeres igual tiempo de Recogidas; y los es. desabrido y sandio, aunque sencillo, moral y bien in- pectadores dos meses de Cárcel, quedando además al tencionado. arbitrio de los Jueces reagravar estas penas conforme Eyicenciado D. Carlos María de Bustamante, en el á la calidad de los sugetos y circunstancias, mas ó me: Siiplimento á la historia de los tres siglos de México durante nos graves, que concurran en el hecho. En conseel Gobierno español, escrita por eí P. Andrés Cavo, re- qüencia y para que llegue á noticia de todos y nadie fiere algunas anécdotas que retratan de cuerpo en- p u e d a alegar ignorancia mando se publique p o r tero á aquel estrafalario personaje. Bando en esta Capital en la forma acostumisrada, y En cierta vez, en un expediente en que el fiscal que se dirijan los correspondientes exemplares á los pedía una cosa y el asesor consultaba otra, p u s o p a r a j Tribunales, Magistrados y Jueces, á quienes toca cui onciliar ambas opiniones el decreto siguiente: dar de su observancia. Dado en México á 15 de Di Como pide el señor- fiscal y parece al señov asesor gene- ciembre de 1802. ral, aunque no me parece á mi. -Marquina. Félix Berenguer de Marquina. Notificado este proveído á las partes no sabían Por mandado de S. I5 xá. qué hacerse, porque no lo entendían, y fué necesario ose Ign. Negreyrosy Soria. que ocurriesen al oráculo que había dictado semejante providencia para que lo aclarase. Cuando salió á reconocer la plaza de Veracruz, el Oidor regente, delegado del Gobierno, permitió que hubiese toros, diversión que no agradaba á Marquina. Súpolo á su regreso, y se incomodó én términos de poner de propio puño un decreto, por el cual declaró solemnemente que los toros ercín nidos, porque se habían hecho sin su licencia. De noche salía de ronda cual otro Sancho en su ínsula, trayendo por detrás, á cierta distancia, una partida de la ronda de capa, que lo escoltaba. Procuraba disfrazarse, poniéndose un parche en un ojo; de este modo se entraba en los lugares más públicos á observar si había desórdenes. En una noche de Todos Santos un grupo de tunantes que ya lo conocían hicieron bola, se le cargaron de recio y lo echaron patas arriba sobre unas mesas en que vendían alfeñiques. Las vendedoras lo llenaron de improperios, y además lo multaron en el importe de sus muñecos, que pagó mal de su grado. Quiso mostrarse protector de las obras públicas, y mandó hacer una fuente en el callejón del Espíritu Santo; tardóse mucho en acabar esta obra, y la fuente jamás manó agua. Eos vecinos comenzaron á echar en ella vasos escretorios, petates y otras inmundicias, por cuya causa un compilador de sus hechos le formó El bando del virrey fué evidente prueba de sus el siguiente epigrama: buenas intenciones, y de que lo sandio no quita á lo Para perpetua memoria una pila en que se orina, moral, como no quita lo cortés á lo valiente. nos dejó el señor Marquina y aquí se acaba la historia. FELIPE P S R E Z Y GONZÁLEZ DIBUJOS DE MED 1 V V E A