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f? -i. 4 i- JT EL CRIADO D E KANT ii, amigo fiel que asistió y cuidó á Kant en sus últimos tiempos se llamaba AVasianski; él escribió una relación de estos días precarios del filósofo, y con el escrito de Wasianski y los de otros escritores, Tomás de Quincey compuso un curiosísimo ensayo titulado Thelast days of Immanuel Kant. Kant en estos tiempos estaba muy viejecito; vivía en Konisgber; como había trabajado mucho, su cerebro sé iba debilitando, y sólo casi le quedaba ese amor al orden, á la simetría, al método que muchas veces constituye un enojo, y que en él, el creador del imperativo categórico, debía de ser formidable. Kant no podía sufrir que un mueble, una silla, una mesa, estuviese colocada un poco fuera de su sitio; unas tijeras ó uiia pluma que estuviesen sobre su mesa dos centímetros más allá de donde solían estar, le ponían inquieto, le azoraban. Y ocurrió que el criado que le había servido durante toda su vida, el que conocía todos sus hábitos, todas sus manías, s e h i z o viejo también como él; es decir, se fué tornando huraño, descuidado, agresivo, Cada día- -dice De Quincey- -había una pelotera en la casa; ni en la cocina, ni en el comedor, ni en ninguna parte se podía parar. Este criado, que se llamaba I ampe, lo envenenaba y agriaba todo con sus destemplanzas. Entonces los amigos del filósofo decidieron poner coto á este abuso. H a y que advertir que Kant estaba ya tan débil que muclias veces se caía y no podía levantarse, y en estas ocasiones su criado, débil como él, no le podía ayudar. Acordaron, pues, los deudos y amigos substituir á Lampe por otro cubiculario. Wasianski se encargó del asunto. Pero esto era delicadísimo. ¿Cómo Kant iba á tolerar este cambio enorme, colosal, en su vida, cuando no podía sufrir ver mal colocadas unas tijeras sobre una, mesa? Wasianski tuvo largas conferencias con el nuevo criado; ensayaron repetidas veces; el amigo hacía de Kant y el cria. do electo le servia como á tal; es iriás, Wasianski hizo una lista de todas las preocupaciones y costumbres del filósofo, y se la entregó al criado, el cual tuvo que aprendérsela de memoria. Todo, estaba ya preparado para el cambio. Cuando una mañana se levantó Kant, salió de su alcoba y llamó al criado. Lampe no apareció: apareció Kaufmann. El filósofo no podía creer lo que veían sus ojos; su turbación, su desorientación fueron extraordinarias. Afortunadamente, su solícito amigo estaba en una habitación propincua y vino al encuentro de Kant. Hubo largas explicaciones, insistieron después los demás amigos y deudos; Kant reconoció las razones del cambio; pero tan arraigada estaba en su espíritu la costumbre, que le costó mucho habituarse á este nuevo estado de vida, no enojoso, insufrible, como el anterior, sino tranquilo y dulce. Lampe, el criado de Kant, es, pues, uu nombre famoso en la historia de la filosofía. AZORIN DIBUJO DE ESPl E