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Luna dejó en testamento la ciudad y castillo á la Sede apostólica, y el Papa Martino V la cedió á Alfonso V de Aragón. Después, la reina doña María, lugarteniente del reino, la cedió á carta de gracia al maestre de Montesa. A los cuarenta y seis años la recuperó Fernando II, que la concedió más privilegios; así como Felipe II, que la enriqueció con nuevas fortificaciones y gracias. En la guerra de Sucesión tomó gran parte Peñíscola en favor de Felipe V. Sitíada. durante diecisiete meses por las tropas del archiduque de Austria, sufrió mil penalidades. En la guerra de la Independencia y en la primera carlista sufrió terribles asedios. El rey Carlos IV visitó la plaza en 1802. Se conservan, entre otros recuerdos notables de Peñíscola, la atrevida escalera de cien metros, tallada por mandato del Papa Luna, en las bocas del precipicio de Eevante, que bajaba del castillo al mar. LIDIA faAKTHüU Y VILA n H ñ VISTA EXTERIOR DEL CASTILLO DE LOS TEMPLARIOS