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GENTE QUE ANDA POR MADRID LA MUJER BIGOTUDA LTA, delgada, con un mirar fijo que parece ensanchar la redondez obscura de las pupilas; con u n a palidez extraña, mate, viscosa, como de ser que vive ea lo obscuro; de andar resbaladizo, sorteador de obstáculos, la mujer bigotuda pasea por Madrid, cubierta en invierno con un largo abrigo forrado de piel gris, ostentando durante el calor un traje de obscura lanilla y mostrando en todo tiempo la mancha de su bigote, que sombrea unos labios finos, estrechos, apretados sobre los dientes, que jamás se muestran en una sonrisa. Siempre v a sola, siempre pasa apresurada, como si alguien la esperase con ansia. Y si cualquier curioso la sigue, verá que su rumbo es incierto, que tan pronto anda como desanda el camino, sin detener por un instante su ajetreo inquieto y desconcertado de animal perseguido. La mujer bigotuda parece siempre asustada. Su andar evoca la imagen del Judío legendario, azu- zado p o r u ñ a implacable voz y por u n terror sin fin. La mostachuda ha debido sufrir alguna vez un terrible é incurable pánico. Alguien, algo la hizo emprender algún día su caminata, y la infeliz parece no haberla interrumpido. No conoce á nadie. Su paso no hace levantar un sombrero, ni agitarse una mano, ni mover ainical uiia cabeza Entre las gentes que se sonríen, que se hablan, que se miran, la mujer bigotuda cruza como una sombra: Sus ojos miran con recelo, con temor, y sobre los labios el bigote se muestra lozano fuerte, espeso, negreando, en compietencia con las pobladas cejas, sobre la palidez marmórea del rostro. La mujer no hace nada p. or ocultarlo. Tal vez, en tiempos, empleó pomadas, opiatas, depilatorios crueles; resucitó recetas antiguas para extirpar el inoportuno vello. Mas en tan terrible lucha la pobre quedó vencida; resignóse á m o s t r a r s e t a l y como era y hb -ostenta su mostacho con la intrepidez dolorosa con que un inválido muestra una órbita vacía, un mu, ñón informe y rojizo. Como todos los seres extraños que andan por Madrid, j toques sombríos ó luminosos del gran xuadro, cortesano, la mujer bigotuda no parece tener domicilio. Nadie la ha visto entrar en portal alguno, ni su. fi birse en un tranvía, ni detener un coche, actos todos indicadores de que qiiien los ejecuta sigue un derrotero Jijo, para llegar al albergue, madriguera ó cubil donde se resguarda de la- Naturaleza y de los inclementes Chómbrés. Al salir por la mañana á la icalle ya se encuentra allí á la mujer higotuda; al volver obscurecido á casa, su silueta. se desliza junto á nosotros, i con su andar silencioso, cúlebreaüte, que la lleva por entre los grupos rápida, calladamente. Y los ojos, apiá- dádos por aquella eterna peregrina- i ción, -la; siguen por la calle adelante, l a v e n huir juntó á las. tiendas, bajo los mecheros del gas, mostrando, ve lado por la neblina que sube de las losas húmedas de la acera, elenigina de su rostro pálido, marcado por el trazo del bigote. Luego, entre las gen tes apresuradas, la mujer se escurre, se aleja, sé pierde, 3- 3 no se la ve, y la imaginación, siguiéndola, va: tras- ella por las calles cada vez más solitarias, mas tristes, más frías, y se llega á pensar que aquella extraña mujer tiene su albergue en algún campo, en algún solar misterioso, obscuro, lleno de hoyos y de agujeros, en uno de los- que la infeliz se agazapará hasta el siguiente día, cual si fuese un vampiro ó una fantástica estrige. Un dia desaparecerá del munüo la jiiujer bigotuda y nadie descifrará el i enigma de su vida ni el de su muerte, 1 xjue de lijo será tan singular como su existencia. En algún paraje escondido la pobrecilla respirará por última vez. Su rostro pálido se angustiará con el terrible sufrir de la agonía; sus manos, Sus ojos, que no conocieron presión amiga ni mirada benévola, quedarán 1 -sin movimiento, sin vista, caerán con j el cuerpo todo en la inmensa noche de donde no se sale, y sobre la boca el bigote negreará, sellando con sv sombra la doble línea de los labios que bajo él no se entreabrieron nunca en u n a sonrisa ni jamás palpitaron iCn un beso. MAURICIO l.O PEZ RCBH TS n. R! 0 DE ZSPl