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r ¿FV ii. rh. LEYENDA JAPONESA kn p N aquel tiempo en que l a rivalidad entre la familia de los Taira y la de los Mina moto ensangrentaba las Islas Blancas, el más valiente de los Minamoto fué Nasuno, el hermoso y gallardo samurai, cuya flecha era fama qwe jamás erró el blanco. Un día que Nasuno cabalgaba á través de la campiña, los acordes de un koto, unidos á la voz melodiosa de una mujer, llegaron á su oído. Entre un bosquecillo de rosas y crisantemos, más hermosa que la luna, una musmé cantaba. Fascinado Nasuno, permaneció inmóvil, sin poder apartar sus miradas de la preciosa joven. D pronto, volvió ella la cabeza y descubrió al indiscreto gn forrero. Un relámpago de cólera brilló en sus sombríos ojos, más negros que la noche. Levantóse, y envolviéndose en su inmaculado y ancho kimono, liizo ademán de retirarse. ¡Oh belleza celestial! -exclamó Nasuno. ¿Por qué huyes? ¿Quién eres tú? -preguntó ella con altanero desprecio. ¿Quién eres tú para atreverte á hablar á la princesa Sotorishima? ¡Me llamo Nasuno! -respondió fieramente el samurai. La princesa lanzó un grito de indignación. ¡Nasuno! ¡El enemigo de mi raza! ¿Y te atreves tú, Minamoto maldito, á envenenar con tu aliento impuro el aire que respira una Taira? ¡Una Taira... -repitió el guerrero palideciendo. ¿Una Taira tú? Pero inmediatamente repuso: ¿Y qué me importa el odio de nuestros padres, si al verte ha florecido el amor en mi corazón? ¡Sótorishiüia, yo te amo! ¡Y yo te odio! -respondió ella. ¡Te amo! -repitió el samurai con acento apasionado. ¡Y aunque tuviera que exterminar al monstruo Yatama, serás mía! Una sonrisa extraña entreabrió los labios de coral de la princesa. -Tu insolencia merece castigo- -dijo. -Si eres tan II 1 1- -valiente, busca á Tairanomasa, que hacelas veces de 1 mi padre muerto. Búscale, y él te dirá el precio de mi amor. -Iré- -contestó sencillamente Nasuno; y se alejó entre la espesura. Al día siguiente buscó aldaimío Tairanomasa y le halló. El daimio, reprimiendo su- cólerá, le dijo: -lyO sé todo. He aquí la condición que Sotorishima te impone por mis labios para unirse á ti. Tu fama de hábil tirador llegó hasta ella. Si con una flecha consigues tocar en él clavillo de esmeralda que sujeta las hojas de su abanico, será tu mujer; pero Si yerras el tiro, habrás dé traspasarte él corazón con el mismo dardo a sú presencia. ¿AeeptaSi samurai? -Acepto- -contestó Nasuno. El daimio, sonriendo cruelmente, llamó á la princesa y todos se dirigieron á la playa. Tairanomasa subió á una barca, la princesa á otra, y sobre él largo mástil de una tercera, alDandonada al suave balanceo de las olas, fué atado abierto e l abanico de la princesa. La orguUosa joven dirigió una mirada altanera al enamorado mancebo, y teny? diéndole un dardo envenenado, le dijo fríamente. ¡Allí ó ahí! -y con un dedilo color de rosa señaló alternativamente el abanico y el corazón del samurai.