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iilf 1 I. E t. M ÍZM A teridi L. ffi s v. s- i í S I N GR 1 A D A! os señores de Rodríguez están criada... ¿Se han fijado ustedes bien en lo que he dicho... ¡SÍN CRIADA! I I II Esta situación, que parece no tener imJ portancia, es, sin embargo, terrible en un hogar. Sobre todo, para la señora de la casa. Et marido, siempre egoísta, apenas si se preocupa de que haya ó no haya doméstica. Sabe que á él le han de dar las cosas hechas, y le es indiferente que sea una ú otra ía persona encargada del trabajo. P a r a l a mujer, en cambio, es espantoso el momento en que ante ella se presenta la muchacha diciendo con desparpajo: -Señorita, déme usted la cuenta. Porque, á partir de ese instante, caen sobre la tal señorita dos cargas enormes: la de hacer por si misma las más urgentes labores y la de buscar otra sirvienta. Operación esta última de una gran dificultad! Y la razón es muy sencilla. Toda dueña de casa busca para sí la criada ideal. La que no ha existido ni existirá jamás. La limpia de defectos y pasiones. Laimpecable, en suma. Ganga imposible de encontrar, porque la humanidad es imperfecta, y las criadas son seres humanos, a u n cuando acaben de llegar del pneblo... Pero no divaguemos y volvamos á nuestro tema. Los señores de Rodríguez están sm criada. Rodríguez es un modesto empleado con 3.000 pe- setas de sueldo al año. En el presupuesto familiar tiene asignado Rodríguez para, ííTOíab doméstico 15 pesetas mensuales. r Lo exiguo de esta partida es la mortificación de; la señora de Rodríguez, y quizá también la causa ¡de qtíe tan á menudo se vea sin muchacha. Porqué es lo que ella dice: Por tres duros, tal y como se está pónienáb hoy el servicio, no se puede exigir s, va. o vcaB. palurda que esté sin desasnar... Y estás palurdas, en cuanto aprenden cuatro cosas, se despiden. Que és lo que les ha sucedido hace pocos d. íás á los señores de Rodríguez. Cuando éste llegó dé su oficina, su mujer salióle al paso con estas palabras; ¡Ay, Pepe! Vas á tener que esperar un rato antes de almorzar. Gertrudis se acaba de despedir, áé ka. áova. plantada. Son el demonio las tales friegaplatos. ¡Y luego habían en los mitins de regenerarlas. ¡Ya las daría yo regeneración... Voy á freirte un par de huevos y una chuleta... No tardo nada... El matrimonio almorzó de cualquier manera. El marido salió á la calle y la mujer dedicóse á la ingrata tarea de buscar nueva doncella. Aquí, donde no existen Agencias de colocación lá labor dé encargar criada es penosísima. La señora dfe Rodríguez tuvo que dirigirse á la portera, al tendero de ultramarinos, á la verdulera de la esquina y á sus amistades particulares. Una vez abierto este extraño concurso, esperó. Las fámulas íuéronse presentando. La primera contestó de este modo al interrogatorio de rigor; ¿Á usted quién la envía? -A mí. Frutos e l d e la. tienda. ¿Y usted qué és lo que sabe hacer? -Pnes miste señorita, en la casa donde he estado hasta añora le hecho de todo.