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EL JUEGO DE RIQüITILLAS Ó DE LOS CINCO PUITOS N el pasado siglo x i x púsose de moda entre pintores, dibujantes y aficionados un juego que, con la sencilla apariencia de capriclioso entretenimiento, es provechoso ejercicio de imaginación y de estudio para obtener figuras en que, venciendo dificultades de sujeción forzosa á líneas ó á puntos determinados, se consiga toda la corrección, exactitud y naturalidad posibles. Así como las composiciones poéticas con pies forzados aunque parezcan trabajos insignificantes y baladíes, á manera de versificación de obstáculos pueden ser útiles y dignos de mayor aprecio para probar la destreza del versificador, para estimular la agudeza y el ingenio y aun para lograr en cierto modo, con una especie de gimnasia intelectual mayor agilidad, vigor y firmeza para realizar después con soltura trabajos importantes y provechosos, aquellos dibujos con puntos forzados tampoco podían cons i d e r a r s e eií absoluto como simple recreo para divertir el ocio, sin otro objeto y otra utilidad. Tanto se propagó la afición á ese juego en talleres, estudios y tertulias, que á mediados del siglo el primer periódico ilustrado que en España hubo, el Semanario pmloresco español, en su número del 29 de Junio de 1851 publicó varios dibujos como la figurita que con este artículo se reproduce, y v con el título de Los cin co puntos dio la siguien. te brevísima noticia: El presente dibujo es un capricho curioso que- prueba la habilidad de un- -pintor á quien le presen. taron un papel marcado con varios puntos negros, sobre los c u a l e s debía trazar una figura en tal actitud, cjue los puntos caprichosamente trazados coincidieran con los extremos de la figura. E 1 problema no carecía de dificultad; los puntos eran 30 y estaban agrupados de cinco en cinco, á la manera que en la baraja, en el dominó ó en un dado, en esta forma y el artista debía imaginar seis figuras, enteramente distinta una de otra, luchando con la simetría embarazosa que le habían impuesto. K 1 lector puede examinar cómo supo vencer las dificultades el dibujante trazando, no un croquis cualquiera, sino seis personajes correctos que, al propio tiempo que la travesura del pintor, revelan su habilidad y su talento. Si el pintor incógnito á que aluden las líneas anteriores logró éxito tan estimable, bien puede suponerse lo que podrían hacer más hábiles artistas y lo que haría el ilustre D. Francisco Goya, que, al decir de uno de sus biógrafos, fué en sus últimos años aficionadísimo á ese caprichoso deporte artístico. M. Charles Iriarte, en la biografía de aquel gran artista, Goya, sa vie, son xiwre, París, 1867, dice que el famoso pintor aragonés, en 1826, completamente sordo y casi ciego, hasta el punto de que ¡aara dibujar tenía que usar dobles gafas y una gruesa lente, no por ello daba treguas á su incansable afición al trabajo. Un hombre de actividad tan prodigiosa y de tal fecundidad, dice, hasta cuando sus órganos traicionaban á su imaginación, no podía permanecer inactivo. Goya trabajaba siempre, y aun sus mismos descansos eran un trabajo. Muchas veces nos hemos preguntado por qué el viejo artista, en los últimos años de su vida, se encariñaba en los croquis, que ejecutaba por las noches en las tertulias, á la luz de las lámparas, con ciertas posturas violentas y composiciones de disposición extraña. Ea tradición, cuidadosamente recogida en las nrejores fuentes, nos h a hecho saber que durante cuatro años próximamente todas las tardes se ejercitaba, después de haber marcado cinco puntos en un cartón, en un lienzo ó en el primer papel que hallaba á mano, en dibujar una figura que necesariamente pasaba por cada uno de aquellos puntos. Este juego, muy practicado también en Francia y célebre en nuestros talleres, se llama en H axí juego de Riquilillas. Cuando alguien le pedía un croquis para Un álbum, ó una linda mujer le manifestaba deseos de poseer algún recuerdo suyo, Goya presentaba un papel y un lápiz y exigía que marcaran en él los eiitco fnintos. Nosotros hemos visto numerosos dibujos de esos, ejecutados en su mayor parte con lápiz negro ó rojo, y las posturas más violentas y difíciles están indicadas en ellos con una gran ciencia anatómica. Mis investigaciones han sido conipletamente infructuosas para averiguar si en ese nombre de Riqídtillas hay alguna de las deformaciones ó trastrueques con que los franceses suelen e. stropear y disfrazar palabras y nombres españoles, ó para conocer su origen, si no ha sufrido alteración alguna. Como el juego de los cinco plintos todavía se usa, y entre los artistas, críticos de arte, aficionados y eruditos en materias pictóricas habrá de seguro quien tenga más y mejores noticias, sirva este articulejo, y a q u e no para cosa más útil, para estimular la curiosidad de unos y para mover la voluntad de otros, con objeto de saber dónde hay dibujos de ese género dignos por su mérito de ser conocidos, y para averiguar por qué en España, si es cierto lo que dice el ilustre escritor francés, al conocido entretenimiento de los cinco puntos se ha dado también el nombre áe fziesv de Riquitillas. FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ y i 1 BUJ 0 S DE MED NA VERA