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EL PAISAJE EN ESPAÑA T, escritor inglés Sir Archibald Geilde es autor de un libro titulado Landscapí in history, ó sea, El Ipaüaje en la historia. Lo que este señor se propone en su obra es estudiar las variaciones que el paisaje de su patria ha sufrido desde los tiempos primitivos hasta nuestros días. Los documentos en que se apoya el autor inglés son los literarios, tales como la historia y la poesía. Y ahora bien, ¿nosotros, los españoles, no podríamos tener un libro así? La manera cómo han sentido nuestros clásicos la Naturaleza, sería interesante el conocerla; es decir, veríamos primero si la han sentido y luego computaríamos en qué grado, con qué intensidad la han sentido. Para este fin pasaríamos primero revista á los poetas de las primeras edadea, comenzando por Berceo y el Arcipreste de Hita; bajaríamos luego al Renacimiento y nos encontraríamos con Fray Luis de León y Garcilaso; después tocaríamos á los dramaturgos del siglo de oro; por fin, entraríamos en el siglo x v i i i De esta revista es posible que no sacáramos en limpio sino muy poca cosa; Fray Luis de León y Garcilaso tal vez fueran los dos poetas que más materiales nos suministraran para nuestro libro; ellos han sido los dos escritores clásicos que han sentido con más profundidad el campo... Garcilaso no tiene en su obra sino contados versos en que evoca la Naturaleza, pero ellos son bien sugestivos, bien radiantes. Este poeta anduvo largo tiempo lejos de su patria; era hombre de guerra; en sus duras peregrinaciones- -en una de ellas murió- -él se acordaba con ternura, con intensa ternura, de su patria, de su tierra, y dentro de su patria y de su tierra, de su río, el Tajo, y de una cierta espesura que cerca de su corriente había y en que acaso él pasara cuando muchacho largas horas de ensueños y esperanzas. Formaba esta espesura un bosquecillo de sauces; los árboles eran viejos, grandes; la yedra se enroscaba á sus troncos y llegaba hasta las cimas; en el verano, en los días más ardientes, el sol no hallaba paso entre, el ramaje espeso; una grata sombra caía sobre las aguas del río, y éstas caminaban tan lentas, tan mansas, que apenas si los ojos podían determinar su curso... Este paisaje y otros muchos hallarían lugar en las páginas de nuestro libro; después echaríamos una ojeada sobre el panorama de España. Y veríamos el paisaje austero, noble, grandioso, que han puesto Velázquez y Goya en sus fondos; las llanuras inmensas y rasas de la Mancha, con sus majanos y sus tierras paniegas; los altozanos y recuestos yermos, ondulados suavemente y que se perfilan sobre el azul luminoso; las alamedas, saucedas y moraledas que sirven de paseo en las viejas ciudades y por encima de cuyo, boscaj e se divisa la catedral; los bosquecillos de álamos que se espejean en las aguas de los ríos; los paisajes levantinos con sus almendros, sus naranjos y sus palmeras... Todo esto estaría en estas páginas soñadas. Y tal vez este libro fuera el índice mejor, la más segura gtiía de nuestro arte y de nuestra mentalidad. AZORIN DIBUJO DE REGIDO I