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niuchaclio guardaba la careta del año anterior; así I que sus gastos fueron ur. peseta en alpargatas y c: n cuenta céntimos de bombones. En junto, 5 eis reales. No gastó este albañil en vestirse ni el icrnal de U 11 día. El cuarto y itltimo fué el mascarón más económico. No gastó nada. Vistióse de destrozona con un traje que Weyler acababa de desechar. Iba tan bien disfrazado mi amigo, que muchos le ofrecían en la calle el tercer entorchado. Bromas aparte, lo cierto es que en los disfraces nadie se gasta dos duros. Todos se vuelven equilibrios y combinaciones para ahorrarse la riza, pasta. Y no sólo hay pobreza en el vestido, sino pobreza en el cerebro para inventar algo nuevo. Pasan los años y las máscaras son siempre las mismas Señor hay que se pasa seis Carnavales seguidos vistiéndose de bandolero andaluz, y se le ocurre, al séptimo, vestirse de panadero. Eo que demuestra la escasa inventiva de la? acíudles mascaritas. Pero pasemos á otra cosa CAPITUEO II D E LA ECONOMÍA DE LAS CARROZAS Ea carroza, al segundo dia, no hay quién la mireEas muías enseñan sus lomos, mal cubiertos por las raquíticas gualdrapas, y las ruedas del camión se No hay como una carroza carnavalina para desarrollar entre los hombres el espíritu de asociación. Aquí que para tantas cosas buenas podíamos aso- ciarnos, únicamente lo hacemos ante un camión de Garrouste. En cuanto ciertos jóvenes alegres piensan salir en un carro á divertirse, lo primero que procuran es que el número de los que han de escotar sea muy grande. -Así nos saldrá muy barato- -dicen, -y la cuestión no es llevarse un premio, sino que nos dejen circular por el centro y divertirnos en gordo. Eos preparativos de estas carrozas son deliciosos. Ea única mira de la coinisión gestora es que salga todo ofrecen al exterior rasgando la ruin colgadura de percalina. Pero la cuestión es gastar poco. ¿De qué habéis salido este año? -se pregunta á ios que han paseado en carroza. -De girasoles- -contestan; -pero nos hemos diver tido mucho por poco dinero. ¡Ya ves, íbamos cuarenta y no salimos ni á cuatro duros! ¡Claro! Mientras la percalina amarilla sea barata, la vida de estos girasoles está asegurada. Pero de lo que deben disfrazarse estas gentes es de sardinas. Porque sardinas en banasta es lo que parecen cuando pasan á nuestro lado, en sus estrechos carromatos... CAPITUEO I I I D E LA ECONOMÍA E N LOS BAILES También está bien estudiada la cuestión danzante. Para un baile de etiqueta se pide el frac á un amigo; se pide la papeleta á un periodista; si no se consigue billete, se soborna al portero de la entrada, y durante la noche se ambula de palco en palco, tomando copas con los amigos. A la salida del baile se toma u n chocolatito en Fornos y... á casa. ¡Quién no quiere ser calavera por quince reales! ¡Cuánta pobreza! APÉNDICE D E LAS S E R P E N T I N A S CONFETTI ETC. ETC. muy baratito. Se regatea el carro, se estudian los disfraces, se tasa el adorno del camión, se prevé el gasto de proyectiles, se descuenta la propina del mayoral, y... ¡así sale ello! Para demostrar la tacañería en este ramo del Camaval, baste recordar que el alcalde tuvo que prohibir el confetti- polícromo, porque era recogido del suelo. Y todos ustedes habrán observado que antes de prohibirse el uso de las serpentinas, las que no se desliaban completamente eran vendidas por los golfos á los que ¡iban en coche... ¡Es el colmo del aprovechen! Pero, en fin, el Carnaval pasó. ¡Pobre Carnaval! ¡Cuan económico y miserable te nos presentas todos los años! Luis D TAPIA E DIBUJOS DE SANCHA