Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
f (PV mejor dicho: Carnaval pobre. Porque no me negarán tistedes que la miseria es en los tiempos presentes la nota característica del Carnaval. En el que lia muerto el pasado miércoles de Ceniza, se habrán invertido en disfraces, carrozas, confettis y serpentinas, muy cerca de diecisiete duros. ¡Qué ruindad! Y es que yo no he visto fiesta más estimulante de la economía de los madrileños que esta fiesta de la locura, del desenfreno y de... la percalina de treinta céntimos. I,o s sabios etimólogos dicen que el Carnaval se deriva de caro, carnis. Tendrán razón, pero á mí me parece que tal festejo tiene mucho más de barato, baratitis, que de caro, carnis. Se comprende que en Koma, donde estos agasajos se dedicaban á los dioses, gastasen los Petronios miles de sextercios; pero en Madrid, donde hoy han caído las saturnales, las bacanales, las lupercales y hasta los liberales, se explica claramente que los arbitros del pantalón con raya economicen las pesetas. Ahora bien, decididas las gentes k gastarpoco, lo mejor era suprimir los Carnavales, porque lo doloroso es ver una fiesta dedicada al derroche, á la alegría y al desorden, organizada concienzudamente estudiando B partidas de gastos, como si fuesen las del presupuesto de la nación. Si aquí tuviéramos que dar al Carnaval el carácter de ofrenda á Saturno, á Baco y á Pan, apenas si tocarían estos dioses á real y medio por barba. Un los altares paganos son pocos los ízganos que actualmente se atreven á quemar dinero. De S a t u r n o nos hemos o l v i d a d o por completo. De Baco apenas si se acuerda algúnbeodo, y de Pan, tan sólo se preocupa el Sr. Dato. En Madrid, llegados los Carnavales, nadie piensa en los dioses. 1 odo el mundo quiere di ertirse hiimanamen lo más humano es no aflojar la mosca. Por eso dejan siempre las Carnestolendas una impresión de miseria que abate el ánimo más dispuesto á la alegría. Yo he sido testigo de mil combinas fraguadas por las máscaras que hace días paseaban, á pie y en carroza, por Recoletos, y voy á referiros algunas de las tales combinaciones. Para ser metódico, conviene dividir este estudio de la Economía carnavalesca en tres capítulos y un apéndice. Eos c a p í t u l o s son los siguientes: Economía en los disfraces. Economía en las carrozas. Economía en los bailes. El apéndice trata de la Defensa contra los gastos de confetti, serpentinas, dulces, etc. E n t r e m o s en materia. CAPITUEO I T -e, I A E C O N O M Í A E N I OS DISFRACES Cuatro amigos míos han salido los pasados días de Carnaval por esas calles. A ninguno de ellos les ha costado la broma arriba de dos pesetas. El primero se disfrazó paleta. El refajo encarnado era de la criada, así como el pañuelo de crespón con que ceñía su talle. Eos zapatos de charol eran los qu mi amigo tenía para vestir. Eas medias negras pertenecían á una hermana suya, y el único gasto del disfraz quedó reducido á cinco reales de careta y dos de caramelos. Total, siete. El segundo humorista tomó graciosamente el capote de monte de su padre, se encasquetó un sombrero cordobés (el de la temporada de toros) se ciñó unas polainas de ciclista, y salió vestido de cazador, según él afirmaba. Gasto de este disfraz: seis reales que le costaron al montaraz unas narices de cartón y unas patillas de trá i El tercer amigo mío, estudiante de arquitectura, con la blusa de calcular frente al encerado, con unos pantalones blancos, del pasado estío, y una boina manchada de tiza, convirtióse en albañil perfecto. Este