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JT JÜt. LA LOCA M Á S C A R A E aquí que ha venido una máscara mientras yo dormía, y me ha dicho con imperiosa voz: -Levanta esa cabeza, pobre hombre; desprecia esos libros que tienes ahí amontonados; despierta, levántate. Yo soy una máscara de Carnaval; vengo vestida de Colombina, y tengo dorados cascabeles que suenan con un timbre infantil, y alrededor de mi cabecita andan bullendo las carcajadas, las juveniles carcajadas, como un collar de perlas sonoras é inmateriales. Yo soy la alegría, el amor y la inconsciencia, y soy también la verdad, la única verdad, mientras que tú, pobre hombre, eres la sombría pesadumbre de los pensamientos. Me llaman loca, ánií, la risa y el amor juveniles; pero el loco eres tú, pobre hombre, anegado en un mar de inquietudes. ¿Para qué has pensado, para qué has leído, para qué le has vuelto la espalda á la realidad risueña de la vida? ¿Qué has sacado del pozo de tus pensamientos... Sólo has sacado una verdad antigua, tan vieja como el anciano Salomón: que todo es vanidad y angustia del espíritu. Además de eso, has sacado la cabeza calva. ¿Y qué harás ahora, calvo y triste, sin amor y sin inconsciencia... ¿De qué te valen tus pensamientos, si aun juntándolos todos no te darían por ellos la más pequeña de las risas? ¿De qué te valen tus inquietudes, si á cambio de ellas ninguna mujer te prestará la rnenor de sus caricias? Y sin risa y sin amor, ¿para qué quieres seguir viviendo? ¿iSTo comprendes que la vida es eso, y nada más que eso: risa, amor... Has errado tu camino, pobre hombre, desgraciado hombre, perseguidor angustioso de la verdad; buscabas la verdad por una vereda, y la verdad seguía una dirección contraria; buscabas el triunfo por un lado, y el triunfo se marchaba por la otra parte. ¡Verdad y triunfo... La verdad no es otra cosa que el placer; el triunfo no es otra cosa que el amor. Goza, ríe y habrás alcanzado la verdad; y si deseas conocer la plenitud del triunfo, la arrogante y varonil impresión de la conquista, sal á la calle, busca un lazo bonito en la cabeza graciosa de una mujer, vete y conquista ese lazo, húndetf en la grande y varonil plenitud del triunfo, sacíate de amor, conquista un lindo lazo, una cabecita gracioss de mujer, una juvenil sonrisa, un divino beso... Pero entonces me incorporé yo airado, me puse de pie y le dije esta imprecación á la loca máscara: ¡Ah, loca máscara, te conozco; sé ya quién eres! Tú eres la tentadora voz de la inconsciencia, de la vanidad, el demonio bonito é infame que aconseja la vida por la vida Tú representas la opinión de los que aman la frágil y sensual vida de la risa, pero de la risa hueca y concupiscente... Pero yo no te quiero oír, porque yo voy buscando la otra risa, la que ha de nacer del fondo de mi espíritu una luañana, como una aurora interior y divina. Yo no cedo mis libros, mis pensamientos y luis inquietudes por la más pequeña de tus caricias: mi amor es otro, y mi amor vendrá, y el amor que yo espero no se espantará ante mi cabeza calva. Y tengo también el amor platónico de la Eternidad. Y tengo de la vida un concepto tan contrario al tuyo, que nunca, nunca nos entenderemos. Tú piensas que la vida es risa, y yo pienso que es sacrificio; tú la tomas como grotesco saínete, y yo como seria, fuerte, trascendental tragedia. La vida es para mí una cosa muy seria sobre la cual no deben hacerse chistes. ¡Vete, loca máscara, demonio lindo y tentador, á tocar en otra puerta, porque dentro de mi cuarto no cabes tú: porqne dentro de mi cuarto hay una mujer tan alta, tan opuesta á lo que tú eres, que seguramente al veros juntas, os arañaríais! J. M. a SALAVERRIA DIBUJO DE MEDINA VERA