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Pues señor... era un pueblo pequeñifo (noimporfan la región ni la provincia) modelo de honradez, feliz ñrcadia, en que todos, vecinos y vecinas disfrutaban la pBs más absoluta y en el santo iemor de Dios vivían. J- amás tuvo el alcalde que llamar, para nada, á la justicia, ni el cura, por su parte, tuvo nunca que imponer penitencias merecidas. las faltas eran leves y los grandes pecados no epiistían. Y asi se deslizaba la ejiistencia tranquila en aquel apacible rinconcito semejante á la fierra prometida. Pero como el demonio no descansa, ni distingue las corles de las villas, y logra en todas paites tentar al hombre con astucia impía, envidioso, sin duda, de la serena dicha que todos los vecinos disfrutaban, despertó la codicia do un modesto aldeano que, traicionando su honradez purísima, se metió en el corral del señor cura y le robó de noche una gallina, quizá el animalito más fecundo de toda la plumífera familia. i adverrir lafalta el pobre cura denunciar qLiiso el hecho á la justicia, mas un arranque de piedad cristiana hizo aplacar contra el ladrón sus iras. Y pensaba el buen padre: -Si denuncio tamaña picardía so ordenará un registro por todos los corrales de la villa, y no debo exponer á tal bochorno á los vecinos ele conciencia limpia. Y al domingo siguiente, que era día de misa, y de misa mayor por ser domingo, después del panegírico del día, sin descender del púlpiío, largó esta meditada coletilla: -iié que hay entre vosotros, hijos míos, un pobre pecador, cuya codicia envenenó su afán, y sigiloso, se llevó de un corral una gallina; que protegido por la obscura noche la llevo á mi corral, y por encima ele la tapia la suelte, y asi su dueño la tendrá en seguida. t) ios le perdonará tan gran delito y libre podrá estar de la justicia. Cuando al día siguiente, el señor cura bajó á contar las aves que tenía, con terrible sorpresa y santiguándose ¡halló de más cuarenta y tres gallinas! EN: OU- LÓPEZ MARÍN C JO I? XAUBAnÓ