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i I 11 ¡7 a aguja de som raro tiene lina lenáencia á escaparse... gra -es. Lo que me admira es que en medio de preocupaciones constantes pueda usted conservar esa serenidad y ese buen humor tranquilo. Porque también los hombres tienen sus preocupaciones á causa del traje. ¿Cree usted que es divertido tener tm cuello postizo que se desabrocha, ó una corbata que se afloja sin saber por qué? Mas los hombres no tenemos costumbre, y nuestro disgusto se traduce en gestos de impaciencia. ¡Oúé bonito esto de levantar los dos brazos hacia la nuca para obligar á un botón imperceptible á permanecer en un ojal demasiado ancho! Yo las admiro á ustedes sinceramente por la mañera de conservar la tranquilidad, y por no dejar nunca aparecer el enervamiento entre tantas preocupaciones, la menor de las cuales nos desesperaría á nosotros. Por lo demás, es preciso decirlo todo: si en el baile sus hombreras se escurren un poco y descienden sobre los brazos, el gesto que las sube es de un pudor tan exquisito, que se perdería mucho, en verdad, si se revistieran los trajes, cuyas mangas fueran más ceñidas, de unas cintas sobre la nieve de sus hombros. Los dedos que sujetan con un alfiler el botiquet del ciierpo son tan diestros y ligeros, que el bougtiet no les juega á ustedes la mala pasada de querer escaparse sino para darles el gusto de esa maestría de que hacen gala al volverlo á sujetar en su sitio. No quiero hablar aquí de las complicaciones que surgen los días de lluvia, cuando al bajar del coclie hay que pensar en recoger la falda ai poner el pie entre dos charcos, mientras el paraguas sufre los vaivenes del viento, que trata de arrebatarlo. Si tuviéramos nosotros que luchar tanto con los elementos, es evidente que nuestra paciencia seria bien corta y que habría que oírnos quejarnos de su maldad- pero ustedes, por el contrario, parece que se complacen en vencer las dificultades; vuestra estola de piel se sostiene apenas en equilibrio sobre los hombros, y el manguito embaraza además vuestras manos. Sin embargo, ustedes sonríen, sonríen siempre, á despecho de todas las preocupaciones, la menor de las cuales sería causa de una jaqueca. Encajes, cintas, flores y plumas, corbatas, pieles, cola, volantes, cinturón, bolsas necessaire, no hay objeto de éstos que no os amenace con alguna molestia. Toda joya os tiende un lazo, toda coquetería oculta una preocupación, y no tendríamos corazón si nos lamentásemos de ver á ustedes buscar los espejos para echar un rápido vistazo á su ioiletfe, tan sencilla, mas tan sencillamente complicada. Espejitos de bolsillo, espejos de mano, lunas del armario, espejos de tres lunas, espejos de chimeneas, cristales de los escaparates. Espejos chicos y grandes: sois los dioses familiares, protectores y amables que tienen las mujeres en la vida. Después de todo, en la perfección de una f. ríleitc sin defectos se reconoce el espíritu de orden y el sentimiento de buen gusto. R. D. wJ f y, ir 2 f- i -m -ti Para bajar el veto rebelde, la frente, la nariz y los labios tienen que hacer u; i gesto