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cd ca ia ¿Z 7 Mrj m ÜUU A liahía j- o notario qvie algo la preocupaba hace un cuarto de hora. ¡Ya lo creo Buscaba usted sencillamente un espejo, un espejo grande, señí. ra mía, en que poder coiit e n i p l a r s e de ciierpo Y entero. No pi: ede tisted andar por la calle, permanecer en un coche, pasar de una pieza á otra de su casa, sin echar una mirada á su imagen, y la cajitaque nunca la abandona es más prec. osa por el espejo uiinúsculo d e la tapa que por los polvos que contiene. ¿Cómo ha podido usted presentir que en la armonía de su persona d e s a t i n a un pequeño detalle? ¿Qué misteriosa advertencia ia dice que unos cabellos rebeldes se han escapado de su sitio? ¿Cómo lia adivinado quebajo el peso de su sombrero se ha descompuesto el peinado? Ke visto su emoción, esa emoción de todas las mujeres cuando una preocupación grave las altera, y parecía que seguía con interés la conv e r s a c i ó n mientras pensaba usted obstinadamente en otra cosa. Su s o n r i s a era de pura cortesía, y se vería u s t e d muy apurada para aecirme lo que la acabo de contar. Pero, en fin, he aquí un espejo. Alégrese usted. C o m o q u i e n no hace nada, vaustedáenmendar ese espantoso desorden de su toilcLie. Sus manos Hgerísimas han arreglado un pliegue de la falda, han levantado bajo el peine los cabellos indóciles, los r i c i l i o s rebeldes; puestas en las caderas, lian estirado la tela sobre el talle con energía, y un golpecito con el talón, verdaderamente gracioso, ha vuelto á su sitio la cola. ¡Qué de preocupaciones! Xo tienen ustedes un minuto de reposo, lín las lunas de los escaparates de las tiendas he visto á usted afianzar la aguja del sombrero, que se escurría. Al sentarse, con qué delicadeza ha recogido la falda para que un torpe, como j- o, no se enrede, al pasar, en los Yolantes! ¿Ylos guantes? ¡Cuáuto dan que hacer! Desp u é s d e l t r a b a j o de abrocharlos, h a y que e s t a r l o s subiendo sin cesar hacia el codo, porque s e escurren. En c u a n t o al velíto del sombrero, demasiado sé las molestias que proporciona. Tan pronto se baja al borde del ala y descompone las plumas,