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írnrapíffifi y 1 1 f m M t H, IH T MHJH m j l HmiT H 1 HÉ Iftt i- A- r 4 e 1 t í f ai- f í. iJL. I 6 í HORACIO W E L L S T R Í P T I C O D E C F C I L I O PLA EL DESCUBRIDOR D E LA ANESTESIA K una de las últimas sesiones de la Sociedad Odontológica se tributó á Horacio Wells, el descubridor de la anestesia, uu doble homenaie. Una Memoria erudita de D. Luis Subirana y un tríptico pintado por el celebrado artista Cecilio Plá enaltecieron justamente la merecida fama del infortunado descubridor, á quien la ciencia vino á hacer justicia tardía cuando el desengañó y la desesperación habían puesto término á su existencia. Era en Diciembre de 1844 cuando pasó por Hardford, capital del Estado de Connecticut, Q. Q. Colton, rara conjunción de vr; lganzador cienlifico y empresario teatral de sus propios éxitos, para dar varias conferencias de pago sobre distiatos puntos de física y ciuímíca recreativa; á una de estas sesiones, el día 10, asistió Horacio Wells, aconipañíado de su mujer En el programa figuraba una inhalación de gas, indudablemente por. las condiciones que- tiene de hacer reir á los inhalados, y de rechazo, á los espectadores. Aquella noche no faltó quien s e p r e s t a s e á ello, y Cooley, un industrial de la ciudad, subió al tablado. Al ponerse bajo u infuencia, y en el período culminante de excitación, seguramente por un olvido del profesor, caj- óse con estrépito y se hirió en la tibia; al levímtarse no acusó señal de haber experimentado dolor alguno, y allidonde el alma popular no vio más que motivo para acrecentar su risa, ¡quién sabe si el espíritu de Wells, que era un hombre observador y estudioso, vio la parte útil que entrañaba acjuel cómicoincidente! Orle Wells había sido presa de un instante de íeliz clarividencia, lo prueba que, al restituirse á su lugar el industrial herido, Wells tuese hacia él y le preguntó con interés: ¿Os habéis herido? ¡La sangre brotaba de una de sus piernas! ¿Y no habéis sentido dolor? Parece que el industrial contestóle con una negativa, ratificándolo asi los hechos subsiguientes. Wells salió de ía sesión embargado por una idea cjue sólo podía confirnuir con la oDservaeión directa. Decidido, al día sig uiente fué en busca de Colton, el protesor ambulante, y le rogó aplicase el gas en su persona; reunió en su gabinete algunos amigos, y entre ellos al Dr. Riggs, dentista, vecino suyo. Wells había determinado nacerse sacar una muela para tener la comprobación más fehaciente de lo que avín eran presentimientos. Colton le suministró el gas; quedó inerte Wells, y el Dr. Riggs, j- a preparado, procedió á la avulsión de la muela indicada. Permaneció aún, dos minutos bajo la influencia somnífera, y de momento irguióse, y, vehemente y apasionado, dijo á su auditorio: üjia nueva era se abre para la profesión dental; nada, ahsohitamente nada he sentido. Y desde entonces quedó comprobado el descubrimiento de la anestesia. El Sr. Subirana refirió en su Memoria cómo después, al presentarse Horacio Wells ante el claustro del Masachtísef s Hospital de Bostón, para hacer experiencias de su anestésico, -la operación tuvo mal éxito, y Wells hubo de retirarse, corrido y burlado, cayendo enfermo durante algunos meses. Como el químico Jackson y el dentista Mortan explotaron la situación en beneficio propio. En vano buscó Wells en Londres y en París un éxito que legítimamente podía pretender. Vuelto á su patria, arruinado y enfermo física y moralmente, se abrió las venas en un baño el 14 de Enero de 1848, utilizan do su propia obra, la anestesia, para poner tin á una vida desventurada. En el mismo mes la Sociedad de Medicina, de París, le proclama acreedor- á los honores á que legítimamente aspirara; mas no sin antes haber tenido un proceso verbal con la, Academia de Medicina, de París, que antes los concediera á Morton j Jackson, y puestas de acuerdo ambas partes, votaron que á Horacio l Vells, de Hardford, se le debe el honor de haber descubiertoy, sucesivamente, aplicado el uso de vapores ó gases en las operaciones quirúrgicas, pudiendo ser suprimido el dolor 3 lo eligió miembro honorario de la Sociedad. Sucesivamente á esta valiosa manifestación de la Sociedad Médica de París, fueron apareciendo panegíricos laudatorios, suscriptos por eminentes cirujancs de aquella época, entre ellos uno muy extenso del doctor Haywood, asistente á una de las operaciones de Wells, y dirigido al senador Truman Smith, que está concebido en forma en extremo concluyente. Colton, el hombre original que vimos dando sus conferencias, muerto Wells, deja su modo de vivir, para consagrarse por completo á la tarea de anestesiador con el gas hilarante; va á I arís, se cobija al amparo de la sombra del celebérrimo dentista Evans; el Instituto Cooper, de Nueva York, le llama, y en reducido lapso de tiempo, llegó á registrar 186.500 extracciones sin tener jamás accidente alguno con el gas. Tanto la Memoria del Sr. Subirana como el tríptico del Sr. Plá, que reproduce los momentos culminantes de la vida de Horacio Wells, merecieron muchos y nury calurosos elogios. X. uu X.