Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL SEÑOR J U A N CUENTO FÚNEBRE L señor Juan era loque se llama un buen hombre. Sumiso, dócil con sus amos, esposo incorruptible, padre ejemplar. Todos los saoados entregaba el salario de la semana á su mujer, sin la más pequeña ocultación. Apenas bebía, no era aficionado á jugar al mus como sus compañeros, y todos sus placeles se reducían á bien poca cosa: á ir al cinematógrafo cuando se estrenaba alguna película sensacional y á jugar un decimito de tres pesetas, si el número le caía en gracia. Un buen hombre, como no había otro en la vecindad ni en el barrio. ¡Qué envidia la tenemos á z fe íOTa Ramona! -exclamaban las comadres de corredor dirigiéndose a l a cónyuge del señor Juan. -Su marido está de non en este mundo- -afirmaba una que tuvo un par de esposos que le dieron muy mal resultado. -I o que es el señor Juan se cuela en la otra vida sin necesidad d a l a cédula. Es un bendito. Pa mí- -decía una vecina que se pasaba las tardes echándose las cartas, -que tiste, íí? za Ramona, le ha dao algo, porque hija, lo que le sucede á ese hombre no está en el mapa; vamos, que no es natural, á mí que no me digan. Y en todas las escaramuzas matrimoniales salía siempre á relucir el señor Juan, citado como ejemplo sin precedente por las mujeres. -Pues haberte casao con é l- contestaban con suprema indiferencia los hombres, que tenían un tristísimo concepto del héroe, al que motejaban 6 L. panoli y de remilgao, porque bebía el vino coa seltz, y eso cuando lo bebía, que las más de las veces era porque no lo tomase á desaire el que le invitaba. ¡Vino con seltz! -exclamaba con olímpico desprecio el verdulero de la esquina, -eso parece cosa de convalecientes ó de señoritos. A mí que me den el vino como ha venido al mundo, á cuerpo Y para demostrarlo, se soplaba un quince de morapio sin colaboración alguna y de un solo golpe. ¿Quién era el señor Juan? Pues el señor Juan fué postillón de diligencias; después, muchos años, mayoral, y actualmente, cochero a! servicio de la empresa de pompas fúnebres El tiltimo viaje. De conductor de vivos había pasado á conductor de muertos, que era una profesión mucho más tranquila. El primer día que nuestro hombre cambió la gorra de pelo, la bufanda y la zamarra, por el sombrero de copa, con negra escarapela, y largo levitón, fué un acontecimiento en la vecindad. ¡Huy, el señor Juan con le- vosa y con tubo! -dijeron las vecinas. Y todas se asomaron al patio para verle. Fué un día de profunda tristeza para el antiguo postillón. Ea verdad que acostumbrado á sus libres prendas, la servidumbre de aquel levitón negro, le preocupaba seriamente.