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EL PLANCHADO CURSO NADA FÁCIL, PUES SI EL LAVADO ES UNA CIENCIA, EL PLANCHADO ES U N ARTE LA COCINA HS CUESTIÓN DELICADA SABER HACER U N A B U E N A COCINA CON POCO DINERO, Y AUN CON M U C H O U N A EXCELENTE camisola de hombre, sobre todo, exige que los plegados se mlrayen por la plancha sin separarlos ni levantarlos; un conjunto de habilidades que puede calificarse de talento. ¿Qué diremos de la c o c i n a? Tendríamos que decir tanto de todas las cualidades y todo el saber que hacen falta para hacerla muy buena con mucho dinero, y buena con poco, y en todo caso, e c o n ó m i c a y ventajosa. I as niñas aprenden á trazar sobre la pizarra el memí de una comida y á calcular después exactamente la composición y los precios de coste de cada uno de los platos que le componen. Todas l a s educandas se aplican á este ejercicio práctico, y con una doble satisfacción material y moral, comen el fruto de su trabajo á la hora de la merienda. Otra de las enseñanzas cuya utilidad prác tica para las futuras amas de casa no puede ponerse en duda, es la de la compra. Las mismas niñas educandas van al mercado á comprar las provisiones necesarias para el viemí q u e h a n com- puesto. Se habitúan de esta suerte á calcular la cantidad de artículos que han de ads uirir, á conocer y apreciar la calidad y estado de los géneros, y á familiarizarse con los precios corrientes del mercado, conocim i e n t o s que tienen una utilidad grandísima en una casa, dada la rnanera de ser de m u c h o s proveedores y la aritmética. especial de las cocineras. La escuela de la mujer hacendosa entiende, y con razón, que la e d u c a c i ó n práctica resulta más eficaz y provechosa cuando s e comienza pronto, y que no vale la pena de esperar casi á que una ama de su casa lo sea en r e a l i d a d para iniciarla en las grandes líneas y pequeños s e c r e t o s del arte de gobernar una casa. Las niñas adquieren d e s d e pequeñas aquellas cualidades, ó mejor d i c h o aquel prestigio de la mujer hacendosa, y preparan así uno de los elementos de su felicidad futura, pues no cabe duda de que los hombres, y especialm e n t é l o s maridos, son aficionadísimos á que los cuiden bien. L D E CHARLES