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ODA la importancia que en nuestro tiempo se concede á la educación de la mujer, no se limita en los países más adelantados, á la cultura intelectual, á las labores y á las enseñanzas llamadas de adorno. Muy lejos de esto, se atiende con especial interés á s u educación sobre las haciendas domésticas, procurando instruirlas sólida y prácticamente en aquello que debe saber una mujer de su casa. Bien conocido es el instinto con que las niñas rodean de cuidados la existencia de sus muñecas, y en él se funda la idea de aleccionar á las seFwras en flor, á las matnds de mañana, á las futuras amas de su casa desde pequeñas. A este propósito útilísimo responde la creación de la escuela de Vauvel, para niñas de todas las clases de la sociedad, y á él han correspondido las familias, enviando sus hijas. Bn una gran sala llena de aire, de luz... y de niñas, hay una casa en miniatura: un hogar proporcionado á las mujercitas de su casa; la despensa, la cocina, el comedor aguardan á que los utilicen aquellas manecitas. Profesoras inteligentes y cariñosas dirigen, vigilan, dan órdenes y consejos, 3 sin duda, en su fuero interno, estas señoras se acuerdan con sa, tisfacción de que ellas también han sido niñas. Se trabaja con tanto afán como provecho en la gran sala, y á decir verdad, es un trabajo más agradable que otros, y más simpático para L, olita, Rosa y Luisa, que el tral ajo que consiste en lecciones de geografía, solfeo, etc. Es casi un juego, se imita lo que hacen los mayores y lo que harán ellas mismas cuando sean grandes. Tienen un curso de lavado. No es cosa tan fácil volver blanca una cosa que no lo está, aunque sea un simple paño. Hay que aplicarse y trabajar, tanto más cuanto que en esta escuela se respetan las grandes tradiciones, y están suprimidos la paleta y el cepillo, útiles peligrosos que gastan la tela y la destrozan bieu pronto. No puede emplearse en el lavado más que jabón... y trabajo. Para la plancña aún es mayor la complicación y la dificultad. Es una verdad comúnmente que si el lavado es una ciencia, el planchado es un arte. Es preciso tener un golpe de vista rápido y una mano segura, y tanta decisión como un general para dar á la pieza el pliegue que le conviene. La pechera de u n a