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EUnESUTo BlSCUiT J ¡mediados de S) iciembte fui s Sai- ggoza, resuelto s ser huésped de mí prima, la esposa de un íal Conejo, que es dueño allí de una fábn oa de... no sé qué, pues advierto que yo os trato muy poco á pesar del parenfeseo. ifo iba áestar bien, pues los primos viven, si mal no recuerdo, nada menos que en la calle de Jllfonso, número ciento. Se Madrid era difícil llevarles un buen obsequio, pues su gusto es delicado y tienen de todo; pero como quedar bien quería, y no había más remedio que llevar algo boníio, aun cuando fuese modesto, buscando por todas partes lo más inglés, lo más nuevo, para que les agradara, recorrí Madrid entero. 3 or fin, en una lujosa tienda de lindos muñecos de porcelana, enseñáronme unos negritos muy bellos. Me gustaron por lo extraños y compré el más caro, haciendo un sacrificio, pues tuve que dar diez duros y medio. S ero, en fin, la tal figura no carecía de mérito. y á casa mandé ¡levarla sin perdida de momento. Casualmente un nleíeelllo delfamoso muñequera va á mi casa por las noches á estudiar con mi pequeño, y la víspera del viaje, al ver en mi mesa el negro, dijo: Calla, esto procede de la tienda de mi abueld! -Sí tai- -contesté al muchacl- io, á quien oí desde lejos. añadí: ¿Verdad que tienen gran novedad? ¡2 ía lo creo! -dijo el rapaz. -Jlyer mismo recibimos los primeros, y hoy de seguro han ¡legado catorce 6 quince lo menos. ¿Vendrán de ondres? ie, dije ¡contestó el rapazuelo: s- -Mo, señor; de Saragoza, donde ¡os hace un sujeto que tiene casa en ¡a callé! de jllfonso, número ciento. ¡Qran iosl ¿Ss Conejo acaso? ¡Precisamente es Conejo. ¡uedé aterrado al oírlo; pero, en fin, lo supe á tiempo. S orque... ¡rediez eon ¡a p ¡anch a si ¡lego á darles e ¡negro... JUAN P É R E Z Z Ú Ñ I G A DIBUJO DE XAUDAEfl-