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¿No han desicubierto, no han preso aún al malvado de mi sobrino Vitale? Cuándo le cogen? Cuándo le ahorcan, magnífico señor? n. i. t i El duque prometía activar las persecuciones, descubrir al culpable, aunque se ocultase bajo siete estaclob de tierra; pero la verdad era que, con las revueltas de la política, las agitaciones de la guerra, las contiendas con el Papa, con los franceses y con los venecianos, las venganzas que ensangrentaban diariamente las calles de la ciudad el comercio activo de telas, muebles y perfumes, las impresiones de arte que debía a escultores y pintores, la Señoría de Florencia no tenía tiempo de ocuparse en prender ladronzuelos, y para los magnates era cosa sin importancia alguna que maese Lamberto hubiese sido desvalijado o no. ¿ue encontrase él al bergante, y entonces la Señoría se encargaba de proporcionar la cuerda y la horca. Uno más, uno menos, en épocas de tanta confusión y ardor de vida... ¿qué significaba? El duque, seguido de su gran lebrel, encogiéndose de hombros, se alejaba de la tienda del buen orfebre vengativo... Y ahora, maese Lamberto tenía, ó creía tener entre las manos, ei üiio conductor para descubrir la maldad... Repuesto de la primera impresión, comprendió la necesidad de ser astuto. El bribón podía haber cambiado de nombre. -Tu prometido te ha regalado una bonita cadena, y yo la compondré, sin que se note el desperfecto- -dijo afablemente á la niña. -Será gallardo tu prometido, de seguro. -A mí me lo parece- -contestó apasionadamente ella. -Su pelo es rojo y s a cara pálida; sus ojos verdes y grises como el agua del Arno. ¿Y joven? -Veinticinco años á lo sumo. Maese Lamberto se estremeció nuevamente. Las señas coincidían. ¿Hace mucho que os queréis? -Un año y once meses... Era la fecha justa; el tiempo que hacia que se había descubierto el robo. ¿No te ha dado más joyas tu amigo? -preguntó como en chanza el orfebre. -Muchas más- -y la hermosa sonrió triunfante. -Me h a regalado un cintillo de perlas, un prendedor de diamantes, u n a águila de oro con esmeraldas, un cmturón de cascabeles, u n a manilla de varias piedras... Hasta fuentes de plata me h a regalado. Todo eso lo compró en sus viajes cuando recorrió diversos pueblos de Italia y Francia... Era un indicio nuevo: el tío había enviado al sobrino, con encargos, á diversos pueblos de Italia y Francia, efectivamente. ¿Y dónde reside ahora t u provaetido, Ji -l ¿nola? ¿Dónde ha de residir? Cerca de mí... En la aldea de San Giovanne... Es jardinero del duque de San Miniato. ¡Del duque! Maese Lamberto tenía su venganza segura... A la mañana siguiente se lo traerían bien amarrado y después, el enjuiciamiento, el tormento, la ejecución... ¿Sabe él que has roto esta cadena? Porque se enojaría. ¡Ni quiero que lo sepa! Componédmela en secreto, pues si lo sabe, creerá que yo cuido mal sus regalos. Y yo cuido lo que procede de él como á las niñas de mis ojos y á las telas de mi corazón. L e quiero que es un sortilegio. E n la aldea me llaman í 2 Í 7i ainorata... Y al decir esto, avanzó hacia el anciano destellando luz por las pupilas, derramando entusiasmo y pasión. Maese Lamberto la admiró, esta vez de otra manera distinta. E n la yerta ceniza de su vejez había caído una centella, u n a chispa rápida. Creyó sentir que la sangre le giraba impetuosa por las venas, y cerró los párpados para no ver á la maga Juventud. Suspirando, guardó la cadena en su cajón de nogal bruñido por el uso. -Vuelve por ella cuando quieras... El domingo. Y como pasados algunos días, el duque de San Miniato le preguntase: ¿Has descubierto al ladrón? Tenemos una rica soga nueva y ensebada- -el orfebre respondió meneando la cabeza: -Ya no quiero buscarle, magnífico señor. Tal vez le na impulsado u n a luerza superior á su voluntad... Tal vez yo hiciese lo propio á sus años. E M I L I A PARDO BAZÁN mnu. ios riE MétroEz BRTNGA