Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i i 1 j í í F. P í, í lí r- S? SW! Í KS; WS- E; AY un momento en la historia del año, un momento indeciso y dudoso, en que se ven igualmente cercanas las claridades del estío y las negruras del invierno; es la época más suave, blanda y sugestiva del año; la que se rodea de oro, de vagos crepúsculos y de extrañas soñolencias. El otoño es esa época inefable, dulce madurez del año, colmo y fruto de las esperanzas primaverales. Es la estación del fruto, la época maternal. En el otoño es cuando más nos acordamos de nuestras madres. Pero la madre que evocamos entonces no es aquella viejecita an ugada y triste que tose junto al fuego, que no puede enhebrar la aguja, que duerme mal y que de un momento á otro se va á ir, sino que es la madre sana, llena de amor y vida, la madre que nos tenía en la cuna ó que nos cantaba, y cuidaba, y ayudaba á enderezarnos por la ruta de la vida. líl otoño representa aqueña madre nuestra, que era hermosa todavía, que nos recogía en su seno y nos nutría de él; es aquella madre que algunas veces, en momentos muy raros de especial clarividencia, contemplamos como al través de un velo luminoso, y la vemos tal cual era, lozana, fuerte, grave y honesta, semejante á la efigie de un medallón antiguo. El otoño es maternal, es pródigo, es veraz, no miente ni escatima nada. Deja que la manzana cuelgue madura del árbol, para que venga el caminante, la descuelgue, sienta que es buena y la coma pacíficamente; tiene extendidos los racimos sobre los altozanos, negros y henchidos de dulce zumo, para que acudan los hombres y se sacien, bebiendo la abundante dulzura de la tierra. Ya las mieses han madurado todas, ya las han recogido en las trojes, ya los hogares campesinos respiran paz y holgura. Y además, el otoño da y prodiga la otra cosecha de cosas ricas, y éstas son las más amables; el otoño no concede solamente frutos materiales, sino los otros frutos hermosos, los idéale. los que gusta de comer el espíritu; y estos ideales, estos divinos y amables frutos, son todo aquel lujo y pompa de que se reviste el otoño, como una real matrona que quisiera adornarse magníficamente en la fiesta de la maternidad. Aquel vestido de oro de que se cubren las arboledas; aquel matiz sutilísimo de las tierras lejanas; aquel color bronceado de los helechales en los montes; aquella luz de los largos, tranquilos, melancólicos atardeceres; aquella limpia nieve que acaso apunta ya en los picachos de las sierras; aquella serenidad del mar, que parece dormir, tan azul y tan liso como un cielo que lo hubiesen volcado y extendido á nuestros pies... Estas son las cosechas ideales del otoño, el fruto espiritual que da el año, cuando está maduro, para que todos los hombres de buena voluntad coman y se sacien de ese pan del alma, pan de la imaginación, comida de ideal y poesía, sin la cual ¡de qué valdría vivir, ni qué sentido tendría la vida! Ya es otoño; ya decrece el año; ya suenan los rebaños que bajan á la tierra llana, tintineando con la música de sus esquilas; ya es hora de vendimiar, y corren los carros repletos de uva, y los crujir. Eos árboles son como flores doradas; los crepúsculos son como fiestas de colores; los horizontes tienen la infinita y la inefable vaguedad de una emoción religiosa... En los jardines crecen los crisantemos, flores otoñales. Una mujer viene á cuidarlos, mujer grave y serena, dulce, luaternal. Se oyen los cantos de la vendimia. Caen las manzanas maduras al menor empuje de la brisa. Es la plenitud y el cumplimiento de todas las promesas del año. Es el otoño, generosa mujer, que da frutos de vida y de ideal. B A T O- r E L I E V E D E C O U L r A U I- VAT. EKA J. M. SALAVERRIA