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la Encarnación de Avila. Y allí empezó el camino ae. perfección, el combatir del alma con la carne y el ascender hacia la cumbre, ganando pasos de gloria, subiendo grados de oración, descubriendo mundos interiores, moradas místicas en lo cerrado del alma. III y con aquellos raptos y desasimientos, en que el espíritu casi se desataba de la carne, supo alternar aquella mujer fuerte la dura obra monástica de su reforma, que de todo tenía: de apostolado, de cam. paña, de peregrinación, de reclutamiento, de legislación y administración, de resistencia inquebrantable y de martirio. Y era tan acerado el temple de aquella hembra castellana y tan de Dios sus alientos, que con estar siempre enferma, resistió fatigas, penitencias y privaciones; padeció el asalto de todas las envidias, la remora de todas las desconfianzas, la detracción de los poderosos, como el Nuncio S e g a q u e o s ó l l a m a r l a ¡ífemina inquieta y andariega, que se metía á escritora- l a c o n t r a d i c c i ó n d e l o s s o b e r b i o s c o m o l a v i o l e n t a p r i n c e s a d e E b o l i q u e l a d e l a t ó á l a I n q u i s i c i ó n y t a n e n t e r o e r a el b r o n c e d e su resistencia, que en los últimos veinte años de su vida escribió todas sus obras- -unos doce volúmenes- -y fundó diecisiete monasterios de su Orden. Sus últimos pasos por la tierra fueron de dolor: irreverentemente arrojada del convento de Valladolid y después del de Medina del Campo, en su jornada postrera, la grande anciana, descalza y moribuiída, padeció hambre por los caminos de Castilla, que debieron llorar de piedad bajo sus desnudas plantas, y ya exánime, llegó á Alba de Tormes, donde expiró toda llena de gloria (i) Tan heroica fué de voluntad y tan caudalosa de espíritu, que alcanzó á vivir tres vidas en una: la de la fundadora infatigable; la de la extática virgen, toda sumida y engolfada en Dios, y la de la escritora sublime, cuya visión del infierno compite en trágico horror con la propia visión dantesca, y en cuya producción caudalosa, las limpias aguas sonoras del estilo fluyen reflejando la gloria de los cielos abiertos. Vivir á un tiempo en tres mundos diferentes, milagroera de aquel portentoso espíritu; pero iniciarnos- on dulce bondad comunicativa en aquél triple vivir suyo, obra fué de la caridad de la santa y de la amable llaneza de la hidalga castellana, que se puso y se dio entera en sus obras, haciendo brotar de su alma las aguas de la mística teología, como hizo Moisés surtir el agua de la roca para que bebiese el pueblo Y esto es lo más castizo y bello de la obra de Teresa de Jesús, el haberse ella hecho evangélicamente voz de lo inefable y cuerpo de lo invisible; el haber abierto el arca sellada de la mística teología, haciendo comulgar con ella á todas las gentes, preparando aquella España de teólogos cuyo vulgo saboreg. ba los a ios sacramentales. Y aquí fué donde la santa y la escritora se unieron en una gran obra místico- literaria, que es además u n inestimable mannmento filológico. Con la efusiva ingenuidad de su alma inflamada en amor, vertió Teresa de Jesús al vulgar romance nuestro la infusa ciencia divina que el inmortal Esposo le. inspiraba; y el verbo castellano áspero y austero como lengua de soldados y de frailes, encendióse como ascua al fuego de los divinos amores; ablandóse como cera entre las acariciadoras manos femeninas, y domesticado, por la cariñosa simplicidad de la noble hembra castellana, en vez de- rudezas de soldado, ó de ergotismos y latines de escolástico, t r a j o a l libro el habla viva y corriente del siglo xvi, el castizo castellano de Santa Teresa, que, como dice Fray lyuis de León, es la misma elegancia Por esoes, Teresa de Jesús la, santa nacional por excelencia, porque vertió al castellano los arcanos celestiales de la inística; porque ennobleció nuestro verbo, inflamándolo en el espíritu de Dios, y porque su decir suavísimo halaga, eíalma española como caricia ancestral, con aquel matutino frescor de lengua joven y aquella adorable llaneza con que nos habla en el lenguaje familiar de sus días, con tal prestigio de realidad, que materialmente nos abre las. puertas del hogar castellano del siglo x v i y nos. entrega, con su. opulento caudal léxico, sus recogidas intimidades y sus franquezas hidalgas. Y con- el oro en fusión. dé la lengua, que corría en chorros de luz á cuajarse en moldes eternos, confíanos la santa los. deliquios de sus celestes arrobos, y la escritora nos entrega, casi íntegras, en sus cartas j fundaciones, la iconografía y psicología de lá España de sus tiempos, d é l a España perdurable, que iba á encárnar en el ensoñador Hidalgo manchego. Tan cierto es, que la mitad del alma de nuestra raza y. d e! genio de nuestra, lengua está en las páginas diamantinas de Cervantes, y la otramitad en las páginas de fuego de Teresa de Jesús. DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA BLANCA D E LOS RÍOS D E L A M P E R E Z (1) Así dice la venerable Ana de San Bartolomá, BD suyos brazos murió la santa.