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Al lado de esta versión existe la que anota en su hermoso libro Lss gtterrilleros el distinguido escritor Enrique Rodríguez Solís. Tiene ésta seguramente mayor fuerza de persuasión, primero, porque está tomada de la que escribió el ínclito Palafox, y segundo, porque explica de un modo muy tuiraano que si el amor patrio fué la causa que existía latente en el alma de Agustina, el amor al ser amado, el cariño consagrado á un hombre al que vio caer herido j- morir ante sus aterraaos ojos, fué, á uo dudar, la fuerza irresistible que con brutal y doloroso empuje sacudió la sangre y los nervios de la heroína, impulsándola á arrancar la mecha humeante del cadáver adorado para aplicarla al cañón que permanecía inútil por falta de brazos, con el deseo loco de arrasar á todos cuantos ultrajaban la patria, sí, pero también á todos los que habían destrozado su vida, matando al hombre lleno de vigor momentos antes. Rodríguez Solís, en sus Gtterrilleros, pone en boca de Palafox las siguientes frases: Agustina tenía de veinte a veintidós años. Era morena, de grandes y hermosos ojos, y aun cuando no podía pasar por linda, era graciosa, alta, bien formada y tenía una viveza sumamente agradable y un aire muy despejado. Amaba á un sargento de Artillería que murió en el acto de hacer fuego. Ciega de cólera, arranca la mecha de las manos de su amante, y jurando vengar la muerte de éste, 3 e abalanza al cañón de 24 que él servía y le da fuego. Yo fui testigo de aquella escena en el momento en que llegaba á la batería, que estaba cubierta de los cadáveres de más de cincuenta artilleros tendidos por el suelo y presentando el espectáculo más desgarrador. La joven brillaba entonces con todo su esplendor, aunque envuelta en humo, y me saludó con una desenvoltura igual á su valor. En el instante en que terminó el combate, cogí las jinetas del sargento muerto 3 las coloqué en los liombros de Agustina, que continuó después peleando en varias otras acciones, siempre exaltada y siempre guerrera. Bien merece unas páginas en la Historia, pues aun cuando mujer nacida en el vulgo, se lia portado siempre como una heroína. Los corazones femeninos comprenderán mejor esta última versión. Lá fi. gura nacional de Agustina no desmerece por ello; el amor santo de la patria está en el rondo del alma de todas las mujeres españolas; pero su defensa, por lo luisnio que es empresa gigaulesca, debe ser, como es, encomendada al sexo fuerte; así lo reconocen y lo acatan las mujeres en general. Pero el amor encarnado en un ser, padre, marido, amante ó hijo, ¡ah, ese amor es más directo, mas niiesíru; nos pertenece, nos está encomendada su defensa! f -í Por eso la heroína de Aragón halló eneraías para sus hazañas cuando ca 3 ó muerto á sus pies el hombre amado. Por esa razón, más ó menos visible, está lleno el mundo de heroínas ocultas. Por esa razón, en fin, es y debe ser una española célebre Agustina Zara. goza. Ella significa la personificación del amor santo, que es el de la patria, y del amor humano, instituido por Dios. MARÍA ATOCHA O S S O R I O Y GALLARDO DIBUJOS DE M É N D E Z B R I N C A