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A el año se ha colmado de calor y de fuerza; ya todo es plenitud, claridad, ardor y vehemencia; los senos de la tierra están henchidos de savia; una abundancia sana y generosa quiere inundar el mundo en ola de vida yfecundidad. He aquí el verano; he aquí la juventud; he aquí el sol más brillante, la flor más fragante, el aire más tibio y voIviptuoso. T, a juventud compl ta. la juventud del año. Aún hay rosas en losjardines, y y a l o s claveles rojos revientan en las macetas como llamas ó como grandes manchas de sangre juvenil; aún no se han acabado los claveles, cuando se abren las magnolias, esas flores reales y blancas, altas y nobles, que tienen la suave tersura de la mano de la mujer: y i nando todavía no se han secado las magnolias, las hortensias descubren sus ramos morados en las terrazas de los palacios, á la orilla del mar- n calma. Iva tierra parece una íie. sta de color y de perfumes, de luz y de alegría. Suenan ahora las arboledas con un rumor sosegado que incita al ensueño y á las largas caminatas de la imasinación; las fuentes, en los callados jardines, dejan caer su chorro monótonamente y traen imágenes remotas de cuentos árabes, de palacios de mármol llenos de joyas fantásticas y de hermosas, vehementes bayaderas... Bajo la pesadumbre de la siesta, mientras la atmósfera vibra y cruzan por el aire como fugaces é intensos soplos de sen. sualidad, las grandes flores del estío parecen suspirar igual que si fueran seres femeninos que sienten el paso tácito del amor. El verano es la plenitud, la fuerza y el colmo del amor. En estos ardientes días estivales, ¡quién no tiene algún recuerdo de mijer, que acude á sonreirle desde el secreto íntimo de la memoria... Una mujer que hemos amado intensamente, como nunca ya más se ama después, y que luego tal vez se fué, ó se murió, ó se desvaneció como un soplo de viento. Una mujer que era todo lozanía, frescura y vigor; que miraísa fijamente y quería como penetrar en lo oculto de nuestro corazón; que respiraba, y parecía levantarse su seno con la angustia de la plenitud que está impaciente por desbordarse; que andaba, y su paso era señorial, gallardo, arrogante... u n a mujer que tenía una abundante cabellera rubia, el cuello redondo, los hombros erguidos, la cintura fuerte y flexible, las manos finas y acariciadoras... Una mujer completa plena y gallarda; la mujer ideal, la que nos hizo enloquecer, la que derramó en nuestra alma un filtro ardiente que y a nunca podremos olvidar... ¡Quién no guarda en lo íntimo de su memoria un recuerdo de tal amor y de tal mujer! ¡Oh verano, que todo lo enciendes é iluminas, símbolo de la fuerza bella, estación pagana y sensual! Tú eres, verano, como una mujer que está impaciente por ver á su amado; como unapaístora del poema de Ivongo; como Cloe, que llama al través de los mirtos á Dafnis, el pastorcillo enamorado. Eres wna mujer de los poemas clásicos, que llevas una túnica blanca á grandes pliegues y que te escondes entre bosquecilios de rosales. Tu pie es sonrosado y menudo, y lo ofreces al agua del tnanantial para que lo bañe y se detenga á besarlo; tus manos son mas suaves que dos palomas infantiles; bajo el discreto lino de tu túnica tiembla tu seno virginal, como un niño que sueña. El bosque tiene para tu cabeza laureles con que coronarte; pero tú prefieres la corona celestial ciue forman alrededor de tu frente las golondrinas, las negras y veloces golondrinas, adorno del espacio azul: J M. SALAVERRÍA RELIEVE DE COULLAUT VAUSRA