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todo instinto; la pacata y pindentehurguesa Jacinta; ¿a de r ¿n! -í! S, Tristana, laj señoritas SL Miau, Benigna, Augusta, tantas otras que creemos haber conocido y que confirman la regla, porque encarnan la tradición, sólo levemente modificada por eVinflujo de a evolución. Comparadlas á las heroínas de la novela francesa, inglesa, italiana, rusa- -y entonces percibiréis el contraste. -I os tipos más marcados de la moderna literatura extranjera apenas concebimos que se produzcan en EspaTa. Son aquí casos esporádicos y raros la sportwomait, la neurótica intelectual, la pensadora, lamujer de ciencia que comparte las faenas de su marido, la artista, la luchadora y- ¡extraña pero verídica observación! -la mística exaltada (no confundirla con la devota) y la filántropa bienhechora, llena de celo altruista. I a mujer española sigue su camino, el hogar ó la disipación; pero siempre menos diferenciada, siempre dentro de nn círculo previsto y trazado de antemano por el hábito secular. iSío reflejaría la verdad el novelista que prestase á una española genérica el cinismo y la anárquica indiferencia de Claíidina, las perversas curiosidades de Renata, la cultura profunda de Lea, el espíritu propagandista y sectario de la ¿ízíOTífátó a, la inclinación estética ¡X Felicia Rtiys, el humanitarismo y el nihilismo de las heroínas de Turguenief ó las enrevesadas quintaesencias de las de Bourget. La mujei española contemporánea es de dos siglos más joven... (ó más antigua, según se entienda) que otras mujeres de otra: naciones. Así es que no existe en España movimiento feminista en ningún sentido. La le 3 española, es cierto, autoriza á la mujer para recibir la. enseñanza oficial y examinarse y graduarse exactameate lo mismo que el hombre. Si la mujer aprovechase esta amplia concesión, y si, obtenidos los certificados legalc- 3 de capacidad, pretendiese el ejercicio de las profesiones, lo conseguiría, probablemente, como ha conseguido ejercer la medicina. Pero la costumbre, más fuerte que la ley, deja desierto el asiento de la mujer en el aula. Sólo en la Habana (siendo todavía nuestra) se vio que bastantes señoritas concurrían á los establecimientos docentes del Estado. Era efecto de la proximidad de Norte- América. En la península, la señorita que cursa asignaturas de Instituto y Universidad sorprende mucho á sus amigas, y las doctoras en Medicina supongo que podrán contarse con los dedos de una mano, y no cabales. La transformación de lamujer española en el sentido y más europeo se inicia apenas en el pueblo, en la clase obrera. Los talleres, las fábricas y las numerosas indusíria. f, al acarrear el planteamiento de problemas económicos, han englobado con ellos otros sociales no nrenos graves; y hay indicios recientes de que la mujer no será ajena á esta nueva fase de la vida española. Los mecUngs y las huelgas empiezan á impulsar á la mujer á la batalla. Tratándose del sustento de sus hijos, la española, que es madre muy amante, se siente más dispuesta á preocuparse de un interés general que cuando media únicamente la política, á la cual suele ser ajena é indiferente. Es la española apta, laboriosa, de fácil comprensión, de iranco y vivo genio, de estatura pequeña, de facciones menudas, de pie chico, ae ojos y pelo bonitos y brillantes. No tiene inclinaciones viciosas ni gustos dispendiosos; apenas fuma en algún punto del litoral; no se embriaga; es sobria y modesta, y en el aseo de su casa cifra su orgullo- -no tanto como las holandesas, debe reconocerse. -Aliorra más que el hombre, y con bastante frecuencia trabaja para él. Es católica, sincera, aunque no tan ferviente como antaño. Es más celosa del mando doméstico que del marido, y más compasiva que aficionada á las obras de beneficencia que exigen disciplina social y asiduidad. Su gusto para organizar el confort y el bienestar íntimo empieza á formarse ahora con ejemplos, lecturas de periódicos, exigencias de la higiene, consejos del médico y refinamientos de la civilización. Aprende á cuidar mejor á los pequeñuelos y siente, aun en las clases acomodadas, afán de ser nodriza de sus hijos. La vida física en EXspaña gana mucho con esta suave, gradual evolución de la mujer. Sin que haya aumentado el cariño maternal en intensidad, parece doblemente guiado é ilustrado que hace un cuarto de siglo. La mortalidad de las criaturasdisminuye, y el hogar tiene más atractivo para el hombre. Este concepto optimista acaso vaya contra la opinión general, que supone relajados los lazos de la familia en el momento presente. Goza la mujer española de recia salud y larga vida, por término medio superior á la del varón; con todo, tiene ysufre una enfermedad más que él... No se trata de la maternidad, que no es enfermedad, sino función fisiológica. La enfermedad que arrebata á tantas españolas, es la navaja, esgrimida por celosas y brutales manos... Achaque nacional, signo de raza. t; EMIU. V PARDO BAZÁN D I B U J O S OE T F X r) F TÍRIXGA