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CukUido la realidad ofrece desengaños, lo mejor es aco. Eferse al romanticismo. Y el romanticismo de los jugadores es la superstición. Me arrojé en sus brazos. Fui con el billete á casa de una gitana y la interrogué en esta forma: ¿Qué tengo yo que hacer, cliavalilla de mis oj s, para que este papelito salga piremiado en el faüi teo de Navidad... -Venga acá el papeh yo. ¿Dónde lo lias comprao? -En la calle de Xs. Berenjena. -Pues no te sirve. Tienes que tomar otro, baciendo lo que yo te diga. -Habla cuanto antes. -Pues mira; es preciso que salgas de tu casa sin rumbo fijo. Cuando estés en la calle, empiezas á rezar el credo; al llegar al amén, te paras en firme, y en la Administración más cercana al sitio en que íe hayas parado, entras decidido y pides un billete, teniendo cuidado de entrar con el pie derecho y de abrir la puerta con la mano izquierda... No quise saber más. Al día siguiente salí de mi casa sin orientación determinada. Empecé á rezar el credo 5 al decir interiormente amén... me encontré en la calle de Toledo. Miré á nii alrededor y ¡oh casualidad! una Administración se me ofrecía frente por frente. Con paso resuelto llegué á la puerta de cristales. Abrí con la mano izquierda, entré con el pie derecho y... no había billetes para Navidad. -Eso no puede ser- -le dije al lotero. -Eso es una estafa... Usted será la causa de mi ruina. Poco faltó para que, creyéndome loco, mandase e! lotei o por la pareja. Volví á casa d la gitana, la referí el suceso y m e consoló diciendo: -Hay un medio de que el billete que tienes salga premiado con el gordo. -Pero ¿seguro? -Seguro. Tienes que frotar el papel contra una joroba. Este recurso no falla. Si quieres ser rico, 3- a sabes el secreto. Busca un jorobado y, disimuhuiamente, le pasas los décimos por a espalda. También intenté este recurso, pero escarmentado con las anteriores decepciones, fui muy cauto al llevarlo á la práctica. Eos casos del cornetín y del lotero habían hecho mella en mi audacia. Aunque en distintas ocasiones tuve cerca de mí á algunos jorobetas, no me arrojé á la empresa de pasarles por los lomos el desdichado billete. Sin embargo, la gitana me había dicho que el premio grande r íí mío SÍ conseguía frotar el número contra una joroba, Y el tiempo pasaba veloz y la fecha del sorteo se echaba encima. En esta situación me sorprendió el día de ante- ayer. Cuando ya desesperaba de poder cumplir el mandato de la zahori, una idea felicísima cruzó mi cerebro. Inmediatamente la puse eu práctica. Salí á la calle, compré medio kilo de azúcar en tí- -rón y me dirigí al Retiro. En el despacho de billetes de la Casa de Fiei as tomé una entrada, jjcnetré en el recinto y busqué con avidez la jaula del camello. Estaba este apacible rumiante en el fondo de una corraliza formada por una tupida empalizada. Elaméle en árabe, pero no me hizo caso. O él no lo entendía, ó j o lo pronunciaba nial. Por fin, echándole terrones, pude hacer que se acercase. Entonces observé que nadie meí smiraba, Y encaramándome valientemente sobre la empalizada froté sobre las gibas del animal mi billete miste: ioso. Y lié aquí por qué espero que en el sorteo de hoy me toquen dos premios grandes. Uno por cada joroba. O 110 hay justicia en la tierra. Hoy sale, ho Hoy seré millonario seguramente. Pero si por casualidad quebrara la superstición y no me tocase la lotería, pasado mañana podrán ver ustedes cuatro cadáveres. El del cornetín, el del lotero, el de la gitana y hasta el del camello. Gracias á que no ha. brá necesidad de estos crimen e. s, porc ue pasado mañana estaré yo ocupado en tutear á Rothschild. Luis DE TAPIA DIBUJOS UE SANCH.