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stcd... -le he contestado con cara de víctima. -i La Xocliebuena! ¡La Nochebuena... -Sí... ¿La siente usted en serio. ¿La siente usted en cómico. D 3 aseio usted á nuestros lectores! Pues bien, amigos míos... ¡Yo no sien. to la Nochebuena... Y ahora comprenderéis todo nu sentimiento al tener ciue sentir per necesidad lo cjue de otra manera no sentiría. Soy, además, un hombre profundamente respetuoso con las ideas, con ios gustos, con ias aficiones y con los caprichos de todo el mundo, y, por lo tanto, me contraria de un modo terrible tener que decir algo que pueda molestar á mis semejantes. Reconozco que esto es una tontería, y sé también cjue, por esta causa, jamas llegaré á riingana parte... ¡Porque vivir es molestar... ¡Y las sublimes palabras Sel Evangelio están arregladas por los hombres y páralos hombres eu la siguiente forma: Molestaos los unos álos otros! ¿Haj- nad. a más molesto que esa costumbre de atracarse, emborracharse y salir por las calles dando gritos y zan. ibombazos para conmemorar el nacimiento de Jesús? Respetemos, no obstante, estas expansiones populares, ya que la a l e g n a d e l a multitud es respetable por una multitud de concepi os. Y admiremos el significado cpie para ella tiene la palaljra Nochebuena, pues no se nos alcanza cómo puede ser buena una noche, pasada entre el ruido, el frío de la calle y los ajenos y los propios gritos ¡Nochebuena... ¡Liestatuiuultuaria en que se desarrollan por la vía pública la muía y el bue cpie todos llevamos dentro, recordando la fecha santa de su acatamiento al Salvador del mundo, ¡Yo te hu 3- o y te desprecio. ¡Nochebuena. ¡Fiesta pacífica en que ocupa iin sitio en e! hogar el ángel que todos lievanios dentro, recordando su participación en aquel su ceso memorable, ¡Yo te busco v te beridigo... Los años pasan y nosotros pasamos con ellos, naturalmente... Ks decir, nos vamos pasando... Y en nuestro corazón, cansado por el uso, los recuerdos van ocupando el sitio de las esperanzas... La Nochobviona so viene, Ja N (H; icbaeii; l so va... canta á nuestro lado una voz infantil, qtie se acompaña con los secos golpes de un tambor y cotí! o, s sones alegres de una pandereta... ¡y aosotro. s noí iromcs y no volvcroraoft un is... El cantor no sabe lo que se dice... Pero nosotros sentimos cnie una gota de amargura enturbia el vino de nuestro vaso... Volvemos entonces nuestros ojos á los risueños días en los cuales danzábamos ante el Nacimiento y soñáljamos cotr sus figuritas de bario. ¡Edad feliz en cpae podíamos molestar á los demás sin tener conciencia exacta de quedos demás también nos molestaban... ¡Años dichosos aquellos que nos perniitiau cantar coa la más alegre de las músicas esta copla, que tiene la más triste de las letras... La ís ochobiiGiia so vlüiio, la N ochGbuona so va, y nos) tfo, s nos iremos y no voivei- oin, os más... Pero mientras nos llega ¡a hora de vivir esos dos vei- sos últimos- -que será la misma en cine dejemos de vivir los dos primeros, -justo será tomar parte en las fiestas de nuestros semejantes... ¡P orzoso será que sintamos la Nochebuena, ya en serio, ya en cómico. ¡Como á mí me lo exige el Directorde este periódico, sin que yo pueda ser ir exactamente su deseo... ¡La he sentido ya tantos anos... ¡Y sabe Dios los que tendré que sentirla... Lo único que no me explicaré ¡amas, y así quiero declararlo públicamente, es esa desviación del sentimiento colectivo c ue nos oblig a á c lebrar con tal pobreza espiritual el suceso más grande de la listoria. Porque todo camilla, menos esta costumbre nuestra... Constcintemente, invariablemente, permanentemente, es indispensable que en Nocliebuena nos demos un cai) ón, matemos un pavo y nos comamos un besugo... Gil, PARR. -IDO