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risa para todo el año contienen chistes y cliascarrillos, anécdotas y epigramas ilusttadosa con profusión de monos y de caricaturas, algunos, los menos, tomando por pretexto la publicación del calendario, son interesantes colecciones de trabajos literarios y artísticos, destinados á obtener mayores aplausos y á gozar más larga vida que aquellas otras efímeras publicaciones, que apenas duran trabajosamente el año para que nacieron. Cuando hace pocos días llegaron á mis manos ocho ó diez almanaques nuevos de esas distintas clases para el próximo año de 1907, no sé cómo á mis manos vino también un viejísimo almanaque del siglo xvili, que cuenta á estas fechas nada menos que ciento veintitrés años de existencia. Titúlase El fiscator historial de Salamanca fiara el año de iy 4, y contiene la II parte del diario histórico en verso lírico de los sucesos más notables que han acaecido en el mundo en todos los días del año, adornado de variedad de noticias, antiguas y modernas, políticas y sagradas, por D. Josef Iglesias de la Casa, salmantino En ese diario histórico en verso y en el suceso correspondiente al día 24 de Diciembre, leí los siguientes cuatro versos, que llamaron noderosamente mi atención: Entrando en Golücrg- vGintc huiiibrcs hoy en u n t e m p l o bailando, los maldijo an sacerdote y d aró sn danxa un año. II El sahnantino poeta Mcafer, autor de aquellas efemérides, había pescado la noticia en una curiosísima obra, impresa también en Salamanca dos siglos antes. H u l a Tercera- parte de la Monarchía ecclesiastica, compoesta por Fray Jvan de Pineda, de la Orden del bien avent f- rado Sant Francisco- -Salamanca, 1688, -encuéntrase en el libro XIX, capitvlo diez y siete del emperador Henrique el segundo y de los que baylaron todo vn año... etc. Cuentan San Antonino, Vincencio, el Cronicón del m unúo, Crantico y Pontaco, dice aquel buen fraile, que por el año de loio, que fué el octavo deste Emperador, aconteció, en un pueblo llamado Colbeche, del ducado de Sajonia, en la diócesis madeburgense, estar un sacerdote diciendo misa en la vigilia de Navidad en la iglesia de San Magno, á la cual hora llegaron bailando 18 hombres con 15 mujeres ó 15 hombres con tres mujeres por el cimenterio de la iglesia, con grandes gritos y estruendos; y. como ni por ruegos del sacerdote quisiesen dejarse de su holgura ni apartarse de allí, él, sentido en el alma del desacato que á Dios se hacía, rogó á Dios y á San Magno que no dejasen de bailar en todo un año. Lo primero que sorprende en la noticia es lo incierto del número de danzantes, pues al poeta no le cupieron en el verso las mujeres, pero metió en él algunos hombres de más, y el historiador no estaba nmy seguro de si habían sido 18 hombres 5 15 mujeres, de modo que sólo tres de aquéllos bailaban sin pareja, ó si habían sido 15 hombres con tres mujeres, pues en este caso formarían sólo tres parejas naturales y seis de hombre con hombre, lo que agravaría la fealdad del desacato, si no es que todos ellos se entendían pero bailaban solos. Más sorprendente es que el candoroso sacerdote pidiera como castigo que no dejaran de bailar en un año, pues si el pecado era el baile, mejor castigo sería, á mi corto entender, la quietud forzada y la inmovilidad obligatoria. Pero ello fué como fué, y sigamos el relato de Fray Juan: La maldición los alcanzó, y anduvieron bailando todo aquel año, sin comer, ni dormir, ni cansarse, ni rozárseles el calzado, ni rompérseles el vestido, ni caer pluvias ni rocíos sobre ellos. Si eso fué maldición y castigo, antes parecía bendición y premio; porque dar á aquellos empecatados danzantes, el gustazo de bailar un año entero, sin molestias, ni cansancios, ni gastos, más había da servir para su solaz que para su arrepentimiento. ¡Un año sin estropearse la ropa ni el calzado, sin mojarse ni cansarse, sin sentir la pesadez del sueño ni el aguijón del hambre y baila que te baila! ¡Cuántos danzantes de ahora pedirían á San Magno castigo semejante! Acabado un año, sigue diciendo Fray Juan de Pineda, los llevó á la iglesia Ileriberto, arzobispo de Colonia, y los absolvió de la maldición el sacerdote, y quedaron libres de más iDailar por fuerza, y poco después murieron casi todos; en lo cual debían mirar y escarmentar los que se ponen á bailar en las iglesias de las aldeas, y los que sobre los sacerdotes que dicen misa, y aun allí, están parlando con otros y algunos ojeando á otras. Después de estas piadosas reflexiones da fin á su noticia con otra 110 menos curiosa y peregrina: Oído he que en cierta parte de Italia andan algunos llamados bailarines, que por donde quieran que van bailan, y por metidos que anden en negocios, dan de cuando á cuando alguna vuelta; mas si fuere mentira, defendernos hemos con el texto que dice que de longas vías, etc. Como Sajonia no estaba menos lejos que Italia, acaso el texto pudiera tener aplicación al suceso de aquellos danzantes, si no lo refirieran San Antonino, el Cronicón y demás autoridades en la materia. Pero dando por probada la certeza del hecho, ello es que si bailar por fuerza todo un año no parece gran castigo, para aquellas gentes lo fué, sin duda, morir poco después casi todos. Aunque es posible que aquellos maldecidos danzantes, que llevaban su contumacia hasta profanar el lugar sagrado y desoír las amonestaciones del sacerdote, al llegar su fin, dijeran con diabólica. satisfacción: ílSTos morimos... es verdad... pero que nos quiten lo bailado. F; uPK PÉREZ Y GONZÁLEZ D I B U J O S D E MEDiiN. 1 V E R A