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V. l caballero de Eóu tuvo muchos 3 muy poderosos enemigos, pero los más notables fueron, en tiempos de IAIÍS XV, la famosa marquesa de Pompadour, amante del Rey, á la que ayudaba el conde do Guercliy; y en tiempos de Luis XVI, el famosísimo Beaumarciíais, el autor ilustre de El matrimoni, de Fígaro, á quien apoyaba el ministro marqués de Vergennes. La marquesa de Pompadour temía la influencia del caballero, y no desechaba medio para apode r; rse de su correspondencia secreta con el Rey. Milagrosamente libróse aquél de varias tentativas de envenenamiento, de robo... y aun de rapto, dispuestas por Mr. de Guerchy para poder quitarle sus papeles. La favorita, con mayor destreza, logró coger las cartas reservadas del caballero, que el Rey guardaba en un elegante mueble que en su alcoba tenía cerrado con una llavecita de oro que llevaba siempre consigo. Cenando xma noche con el Rey, aprovechóse de un pesado sueño producido por las frecuentes libaciones ó acaso por un ligero narcótico, y logró apoderarse de la llave y de los papeles. Sus cuestiones con Beaumarchais tuvieron muj distinto carácter, y á pesar de su gravedad, no faltó en ellas la nota cómica y divertida. El ilustre escritor había ido á Londres con una misión diplomática secreta en favor de los americanos. El caballero, que se hallaba en Londres en situación difícil, quiso valerse de aquél para lograr algún favor en la corte de Versalles. Para interesarlo 3 darle tina prueba de confianza, le reveló, llorando, que era mujer y que poseía papeles de Estado de grandísima importancia, que, á pesar de su situación, no había querido entregar, despreciando pingües ofrecimientos. Beaumarchais temió que aquellos papeles, j endo á poder de los ingleses, perjudicaran sus negociaciones secretas en favor de los americanos, y cayó en el lazo. i or su influencia y sus gestiones, la corte de Francia accedió á pagar las deudas del caballero y á concederle una renta vitalicia; pero él ó ella tenía que abandonar el cargo de embajador, sin despedirse del rej de Inglaterra; la revelación de su sexo no lo permitía, por ser ridículo para las dos cortes. A pesar del secreto de estas negociaciones, el hecho se hizo público, y volvieron á surgir antiguas dudas respecto al sexo verdadero de aquel extraño personaje. Los ingleses, siempre aficionados á las apuestas, encontraron buen motivo para que se cruzaran muchas y muy cuantiosas. Pero la caballera que hasta se había fingido enamorada de Beaumarchais, y éste, que, según ella decía, hasta le había ofrecido su mano si era buena chica 3 le aj udaba á ganar algunos millones, riñeron violentamente. La caballera no le había entregado todos los papeles ofrecidos; él no la había entregado toda la suma estipulada, y pretendía lucrarse con las apuestas, en la seguridad de conocer con toda certeza el secreto de la caballera Un anuncio publicado en el Daily Advcrtiscr, de Londres, decía: Las apuestas son de siete á cuatro por mujer contra hombre, y un señor muy conocido en estas clases de negocios, se compromete á resolver claramente este enigma antes de quince días. Beaumarchais y la caballera fueron desde entonces enemigos irreconciliables. Para terminar estos apuntes sirvan las sig uientes líneas de las Memorias de la vizcondesa Fors -n I t Fausseland 3- que. ál retratar á la caballera hace aún más inexplicables la superchería y el engaño de tantas gentes listas é ilustradas: Sus modales eran rudos y soldadescos; no tenía de nuestro sexo más que las faldas que llevaba, con muy poca gracia, y el peinado, que le sentaba lioriiblemente mal... Su conversación era ingeniosa, p e r o m á s proüia de cuarteles que de salones; juraba como un granadero; no tenía recato ni continencia; cruzaba las piernas como un hombre; remangaba sus faldas sin miramiento alguno, y faltaba veinte veces por minuto á la, s conveniencias y á los usos más familiares de la buena sociedad. DIBUJO DE ME- IXA VERA FELIPE P É R E Z Y GONZÁLEZ