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AMBICiON PARCA (DE FRAsrcisco COPPIÍE) A J i U i l u p p X Ser, para ganar la vida, un pobre rascavihiielac, que da lecciones de música allá donde las encuentra, corriendo con gruesos chanclos por París, de ceca en meca, pero que á Mozart comprende y á Gluck admira y venera; tener un maestro anciano; amar á su hija, y por ella cepillar todos los dias la raída ropa negra y vestir camisa blanca de almidonada pechera; caminar ¡viven tan lejos! cada noche media iegua; cruzar de los elegantes barrios las calles desiertas, tarareando entre dientes alguna tonada vieja, apretando el paso inquieto y mirando las estrellas; amar con anror honrado; tirar con mano muy trémula el cordón de una vibrante campana que á Gloria suena... ¡Señor Pablo! ¡Señorita! -Pasad, mi padre os espera... Ahí tenéis el violonchelo, V allí, encima de la mesa. Hacerle una reverencia, preguntarle por el viejo, ver que risueño se acerca... ¡Qué momentos! La ventana, al cielo nupcial abierta, deja entrar las mariposas nocturnas que, dando vueltas, en la vacilante llama rlp. las bujías se queman. Principia el concierto. Rubia, de codos sobre la mesa, ella, vestida de blanco, escucha callada, atenta, y al compás del allegrctto su corazón late y tiembla. Vienen después el andante, el minué, todo un poema de armonías, de gemidos, de arrullos... Y el tiempo vuela, y dan las doce. ¡Qué escándalo! ¡Vivieseis, al menos, cerca! Id, no os detengáis. ¡Están perdidas esas afueras! ¡Adiós! ¿Volveréis mañana? Por despedida, las cuerdas vibran otra vez; un poco de música, un par de piezas, mientras Julia, tres modestos vasos de jarabe apresta. TisoDORO LLORANTE DlljUJO DE MÉNDEZ DRINGA