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V To AS SS? CRR E ORES míos: El Espectador es lina de las principales revistas inglesas; es muy antigua. Esta revista ha dedicado siempre una atención preferente á los pen os: á sus rasgos de inteligens y cia, á sus originalidades, á sus cosas. Todos los ingleses lo saben, y cuando en una casa un perro tiene un rasgo de ingenio, su dueño coge la pluma y envía al Espectador xaí carta contando la ocurrencia. Aliora bien, un señor ixiglés llamado Loe Strachey h a tenido la idea de coleccionar en un libro muchas de estas comunicaciones. El libro se titula Dog Stories from íThe Sfcctator- r, El Sr. Loe ha puesto un prólogo á la obra, y reflexionando en él sobre la inteligencia de los perros, pensando que se ha dado el caso de muchos que han conocido el valor de una moneda y cogiéndola en la boca han ido por su cuenta á casa del panadero ó del c 3- nicero, él dice que es posible que nos hallemos j a en el trance de tener que pensar en la emancipación de los perros. ¿No podremos pensar ya- -dice el tír. Loe- -en un perro guardando un campo por ocho reales diarios, es decir, prestando su servicio por un jornal? Tiene razón el Sr. Loe; la hora de la emancipación de los perros, la. hora de Xo free dogs, de los perros libres h a sonado ya. Y no solamente los perros pueden tener en metálico la recompensa de sus servicios, sino que dando un paso más y en estos tiempos de democracia y sufragio, podemos pensar en el voto de los perros. Y este voto puede ser de gran utilidad para nosotros, puede ser la base, en cierto sentido, de nuestra regeneración. Todos sabemos que el perro tiene el olfato tan fino, que es por él indudablemente por el que nos conoce y nos reconoce después de largo tiempo. Y bien: si la base de la experiencia canina es el olfato, ellos saben que hay buenos olores y malos. Katuralmente- -otra cosa seria ofenderles- -ellos gustan de los buenos olores y rechazan los malos. Y nos encontramos en el caso de que en unas elecciones, los perros indefectiblemente darían su voto á aquellos candidatos que olieran bien, es decir, que fueran limpios, que tuvieran costumbre de frecuen tar todas las mañanas el Uib. Esto haría que teda la gente política ándase viva en esto del aseo personal (que bien lo necesita) los políticos darían el ejemplo á los demás; los demás les imitarían, y tendríamos que siendo hoy España el país donde menos jabón se gasta, donde menos se lava la gente, llegaría en pocos años á codearse con Inglaterra y á ser uno de los pueblos más europeos. Todo esto debido al voto de los perros. Queridos señores: ha sonado la hora de la emancipación de estos amigos nuestros. DIIÍU. TOS! E X A U Ü R O AZORÍíí