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Melitóii González, dulce conipafiero, mira un caso raro que contarte quiero: Doña Blasa Pérez, la de Sambenito, es dueña y señora de un galapaguito que compró en el pu s 3 de unas verduleras para el exterminio de las correderas. Tres amigos tiene la feliz señora, tres amigos glaucos de alma soñadora. Quieren á la dama, la visitan miiclio y hacen las delicias del animalucho. Mas el desdichado, si antes se reía, ahora vive lleno de melancolía. Si antes doña Blasa se volvía chocha viendo al bicharraco la cabeza mocha (pues la recordaba, sólo en ese punto, lo requetecalvo que era su difunto) desde que se cuelan en aquella casa los amigos que hacen coro á doña Blasa, saca la cabeza cuando no hay visitas, ¡y da gusto erle con sus melenitas! Antes no abrigaba m á s aspiraciones que cazar insectos y espantar ratones. Hoy siente nostalgias, hoy soñando vive y del precipicio ya está en el declive viendo que no tiene más jardín de ensueño que la carbonera, y ese es muy peqtieiio! En las horas glaucas, cual los soñadores, de la neurastenia siente los horrores; dulces añoranzas busca en los pasillos, y con llanto riega todos los ladrillos. De igual modo que antes cascaras comía y una corredera loco le volvía, no almorzar nenúfares, pétalos de lirio y almas de libélulas es hoy su martirio. Hoy ostenta el bicho cárdenas ojeras y estará muriente décadas enteras, hasta que enterad de lo que le pasa los amigos verdes de la insigne Blasa, junto ai lago tibio le hagan instalarse para que allí el pobre pueda espabilarse, y asomar los ojos á la luz del día, y esfumar ísus dejos de melancolía. ¿Ves? ¡Hasta los bichos, caro Melitón! ¡Esto es una pura despiporración! JUAN PÉREZ ZÚÑIGA Jr m, yt t