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Por la noche y por el día, criando no tengo qué hacer, me proporciono el placer de viajar en el tranvía. Es un placer inocente; re, sulta el viaje barato, y además se pasa el rato, ¡que es la aspiración prudente! ¡Yo me distraigo la mar. Y no sólo me entretengo: filosofo... cuando tengo ganas de filosofar; pues con más ó menos arte y ante un suceso corriente, quien vive, se aburre y siente, filosofa en cualquier parte... ¡Ahí va el tranvía, mirad... Salvo algún que otro defecto, es el símbolo perfecto de una pura sociedad. Marcha orgulloso, y ufano corre al fin de su destino, sin salirse del y a trazado de antemano; y en ningún caso es probable que le abandone ó le tuerza, pues le da vida una fuerza misteriosa y admirable... Para hacerle caminar lleva al frente nn conductor, y tiene un recaudador encargado de cobrar; y la vejez y la infancia, hombre y mujer, listo y necio, todos pv. ga. n igual precio cuando es igual la distancia... Todo el que quiere subir manda el tranvía parar; cuando uno quiere bajar, para tanibién... ¡y á seguir! Y nadie su daño invoca ni protesta, osado y fiero, porque al fin todo viajero molesta cuando le toca; y es preciso ser un bestia para no hallar la bondad de esa admirable igualdad, la igualdad de la molestia! Todo cristo se conforma y hace un viaje contento; quien llega tarde al asiento, se queda en la plataforma. ¡Oh ideal puro y soñado, quién realizarse le viera... ¡Qué bien si el mundo estuviera como el tranvía arreglado! Pero sólo á él te pareces en tus horas intranquilas... ¡Porque á veces descarrilas, porque atropellas á veces, Y ya no quiero viajar, pues he perdido el humor... jEh, pare usted, conductor, porque me voy á apear! GIL PARRADO