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ESCRITORES Y PERIODISTAS EN PARÍS RUBÉN DARÍO lí JIí ESDi; que Le Fígaro y otros periódico. s publicaron cablegramas con la noticia de que Rubén Darío había tenido un ataque de parálisis, propúseme visitarle cuando regresase de América á- sta ciudad, asiento de su corte de poeta. Iba yo, que le envidio, á gozar con verle vencido, en carrito, paralizada y yerta la elegante mano que tanto acarició á la Musa. J, riie de Marroaux. iij v AY allí un amable torbellino que tiene la Le gión de Honor y que pregunta por usted- -me ya nojyiícde moverse, p e n s é dijeron. ¡Qué gusto... I- -Ese es Luis Bonafoux- -contesté. -Debe de venir Reposado, solemne, casi de Londres, de ver á nuestros amigos los anarquistas. monumental, olímpico sin Prepárenle un zühisky- and- soda de honor. casi, parecía ensimismado Entró el gran humorista, el amargo y humano huy adormecido... Su fisono- morista, y le dije: mía reflejaba intensa labor- -Bonafoux, acabo de ver á la Felicidad. de un pensamiento fuerte. ¡Ah, sí! -me respondió. -Seguramente la ha visSu torso destacábase pu- to usted, con todos los badanas, pasar por las calles del jante. Pero, i n d u d a b l e- bello é isídrico París, en una carroza de teatro, como mente, todo su org: nismo estaba inerte, y la corte de las de las hadas del Chatelet. Tiene un rostro colorado las audiencias literarias del rey déla rima americana, y una barba blanca. Viste manto como los reyes de resplandecía en una Morgue. ¡Qué gusto... Yo engor- naipe, y lleva collares y relumbra entre la corte de sus aldermen, de SUS sheriffs, de SUS adláteres, condudaba por momentos... Habían acudido al besamanos cotidiano gentes de cido en el arcaico vehículo que Nicaragua, de Honduras, de Buenos Aires, de Gua- le caracteriza, por el famoso temala, del Salvador, de casi toda América española; un cochero entre mediplomáticos, literatos, periodistas y también milita- lón y manzana. res; toda una peregrinación á la Meca parisiense, en- -N o B o n a f o u x- -l e intela que algunos de aquellos exóticos parecían micos. r r u m p í -s u b r i t a n i s m o l e Todos contemplaban á Rubén sin decirle palabra, engaña. Esa no es la Felicidad, extáticos, fervorosos, con cierta unción mística. Al- ese es el lord mayor de Longuna que otra vez oíase un seseo, un arrastre de eses. dres, que viene á visitar á los que acusaban, murmurantes, su procedencia america- excelentes ciudadanos de París. na; pero la nota dominadora era callada y triste, como- -Perfectamente. E n t o n c e s desprendida del corazón enfermo del gran poeta... ya sé dónde vio usted á la FeliGozando interiormente, me acerqué á él con melo- cidad. La vio casi desnuda, misidades de gato perverso y felón: mando cosas extrañas en un- -Querido Rubén: gran Rúbea... maravilla de las music- hall. No tiene malla, como maravillas... ¿Cómo está usted... Ya sé, ya, su terri- la Verdad. Posee una cara de ble desgracia... ¡Muerto usted para el arte... ¡Muerto faunesa y llama la atención de todo el París artístico, mundapara la vida... ¡Ah, qué pena... Rntonces Rubén, sacudiendo como un león la ca- no y perverso. La Felicidad se beza, me miró. lluego, habiéndome reconocido, ex- llama CoUette Willy... tendió los brazos y, levantándose con agilidad de- -No, Bonafoux, está usted chico, gritó: equivocado. No he visto en el- Whisky con soda para Bonafoux... Olimpia á la Felicidad. Rubén Darío está bueno y sano. Sus enfermedades- -En ese caso, ya caigo. La físicas son encalabrinamientos de nervios en cons- Felicidad es gorda, tiene una tante tensión. Hoy se considera paralítico. Ayer buena barba, castillos, un hosimaginó que echaba esputos negros. Mañana sospe- pital; la Felicidad es doctor de chará que la envidia ajena, convertida en cáncer, le lujo, escritor, comediógrafo, y roe lentamente el corazón y le tritura el cerebro. se permite invitar á cazar á los ¡Cosas de poeta... reyes que pasan por París. Rubén Darío? U n a v o z española me contestó: -Don Rubén está aquí... Pase usted... En efecto, allí estaba don Rubén; vistiendo pijama y arrellanado en una butaca. Pero su cerebro, cuyo curso tiene la majestad del Amazonas, y su corazón, cuyas expansiones semejan rumoroso acariciar de arroyo, viven y vivirán mucho tiempo para bien de las letras españolas é hispanoamericanas, como para regocijo y encanto de amigos y admiradores. La flor pensadora que el ingenioso Sixto colocó en copa de whisky, se deshojará, sin duda, cayendo arrugada por la corrosiva acción del tiempo; pero el whisky que empapó el tallo de la flor seguirá conservando, en polvillo áureo, el numen del poeta. ¡Yo te saludo, inmortal... Inmortal, porque de ti se puede decir, parodiando una rima, que mientras haya poesía, habrá Asniéres, Rubén... L U I S BONAFOUX Octubre igo 6. GÓMEZ CARRILLO (LA FELICIDAD)