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JL Sím. WZi fitUnAuos á la vieja herrería y nos sentamos. Al- -Btienos días, Pedro- -decimos. -Buenos días nos dé Dios- -contesta Pedro. I, a herrería es negra, umbría; el fuelle hace: fa- fá, fa- fd; Pascualico tira de la cadena y de cuando en cuando da un mordisco en un pedazo de pan que tiene en la mano; Leandro ha puesto un hierro en el hogar; Pedro con las manos en las caderas, con su recio mandil de cuero, se halla de pie junto al yunque. Cuando el hierro se ha puesto blanco, brillante, Leandro lo retira y lo coloca encima del yunque; entonces Pascualico deja de tirar de la cadena y coge un martillo; Pedro echa mano de un enorme macho, Leandro sostiene el hierro con unas tenazas. Y la canción argentina, jovial, comienza. Tan, tan, el grueso martillo; izn, Un, replica el pequeñito. Tan, tan, vuelve á decir el primero; tin, tin, toi na á replicar el segundo. Y poco á poco el hierro- -este buen hierro que lo sufre todo- -va pasando del blanco al rojo vivo, y va luego apagándose y tornándose negro. ¿Qué dice usted? -nos pregunta Pedro cuando h a acabado de machar. -Nada, Pedro- -decimos nosotros; -no pasa nada. No pasa nada en la ciudad; todo reposa; todo calla; en la herrería, nosotros, cansados, abrumados, respiramos un sosiego profundo. De tarde en tarde se oye á lo lejos un gallo. Y el fuelle comienza á decir otr vez: fa- fd, fa- fd; luego cantan de nuevo los martillos; después una lima resuella con su ras- rds, y acaso una terraja va mordisqueando en silencio, insidiosamente alguna pi 2 za de hierro. ¿Ha visto usted á D. Rafael? -nos pregunta Pedro en un respiro. -No- -contestamos nosotros, que estábamos profundamente abstraídos. -Tiene muchas ganas de verle á usted- -nos dice Pedro. -Mañana iré á su casa- -contestamos nosotros. Los martillos tornan á cantar: tin- tan, tin- tan. El gallo lanza a l o lejos: kikirihí. De pronto en la puerta oímos una voz que dice: ¡Só, borrico, sót Y vemos un viejecito montado en un asno. ¡Pedro! -grita este viejecito. ¿Has hecho la cerrajica que te encargué la semana pasada? ¿Q u é cerrajica? -dice Pedro. ¡La cerrajica de la puerta del corral, hombre! -grita el viejecito. ¿La de la puerta del corral? -pregunta Pedro rascándose la cabeza. S í hombre; la del corralico de mi casa- -torna á decir el viejo. -No me acordaba- -dice Pedro, -pero la voy á hacer estos días. -Bueno, hombre- -replica el viejecito; -es que me está haciendo mucha falta. Luego se despide, da una palmada en el cuello del asno, dice: ¡Arre, borrico, arre! y se marcha. Los martillos continúan cantando: tiit- tan, tin- tan. ¡IGkiriM! contesta á lo lejos valiente y arrogante el gallo. AZORIN DIBUJO DE ARriA