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de SuNTA. Ya lo ves: somos almas tardías. DeCARITA. ¿Miseria? ¡Arre, Generosa! bemos separarnos para siempre. Con nuestra JUANÓN. -Tente en caridad y dame, si llevas, un miseria, romperíamos lo único que nos c ¿ueda: mendrugo de pan para una mujer. el recuerdo azulado de lo que fué. ExtinguiríaCARITA. (Acercándose. Seremos galantes con las mos esa voz que rueda por las cumbres y los damas. ¿Dónde está esa mujer? ¿Es aquella vieabismos; apagaríamos la antorcha de los cielos; ja que se acurruca en los andrajos? ¡I oado mataríamos la única idealidad que nos resta sea Dios! ¡Ha hecho el viejo una linda conquisen el fondo del corazón. ta! (Echa pf e á tierra y í uia de la rienda al ganado para- que pueda beber en el regajo. Wí (Gemebimda. Es verdad; partamos. JUANÓN. ¿Qué casas son esas? (Se sientan todos en JüANÓN. (Va á separarse de SUKTA y vacila. E s p e ra... (Abraza á SUNrAjy la besa en la frente. Vuelve las peiías Jttnlo al inanantial. d salir la htna, y alumbra, á los viejos, que perjnaneC- IRITA. -Esas... son los Palacios de Abnanzor. ¿Os ccn un momento enlazados en su abrazo tardío, y parece mentira? Fueron palacios cuando fueron bosques esas cumbres peladas. JuANÓN. ¿Qué más da? Un palacio puede ser lo mismo un alcázar donde se sufre, que un viejo cobertizo donde se sueña. SUNTA. -Tengo frío. Este sitio es húmedo y medroso además. ¿No habéis visto pasar una sombra por el lomo de aquella montaña? CARITA. -Será Enrique, el enamorado que busca á María. JuANÓN. -Tehe oído llamar á esa María. ¿Quién es? CARITA. ¿No sabéis la hi. storia de la peña María? No sois entonces de la ribera del Jalón. JUANÓN. -Yo soy húrgales. ¿Vas á contar alguna leyenda? CARITA. ¡Otra! Voy á contar, pues, lo que me han contado. Parece que María y Enrique eran novios. Pero él, enojado por no sé qué desdenes, riñó con ella 3 se marchó del país. María, entonces, desesperada, salió al campo y vino á vagar por estas peñas, sin que de ella se haya vuelto á saber. SuNTA. -Se arrojaría á algún precipicio. Dicen en mi país que cuando una mujer joven se mata por amor, todas las noches se abre una flor silvestre para bañar sus pétalos á la luz de la luna. CARITA. -Volvió Enrique más enamorado que nunca y, al saber la desaparición de su prometida, huyó también á esta montaña, sin que se le haya vuelto á ver ni vivo ni muerto. JUAKÓN. -Se despeñaría también. CARITA. -No; porque cuando se llama desde ese camino á María, contesta repitiendo su nombre, pero muy triste, la voz de Enrique. Mi madre asegura que eran almas tardías. JuANÓN. -Y ¿qué es eso? CARITA. -Almas que encuentran la felicidad 5 no la hacen caso; pero que vuelven luego á recogerla cuando se ha deshecho y es tarde. Almas condenadas á pasar envueltas en nieblas por las crestas de las montañas, llamando con voces quejumbrosas á los pedazos de su corazón. JuANÓN. -Tú las habrás oído como me estás oyendo á mí. CARITA. -Tienen una voz muy empañada y muy lastimera, que parece que va rodando de peña f en peña, de risco en risco, de sombra en sombra, hasta que se pierden allá, mu lejos, detrás de las montañas más altas, y más solitarias, y más desnudas. SÜNTA. -Y, á veces, es seguro que pasarán junto á las gentes, cubiertas de andrajos, mirando á todos con los ojos niuj secos, pero muy abiertos y llenos de angustia. CARITA. (Levantándose. Se hace tarde, y he de luego emprenden caminos opzícstos, apoyado cada uno llegar antes de amanecer á Calatorao. Adiós, y en su báczilo. que él dé á los viejos buenaventura. (Ctiando separa alguna dista eia d las sombras de reJüANÓN. -Que él te guie. pitas, se oye de nuevo, lejana, la voz del zagal. (BARITA monta tena de las nndas á mujeriegas y, lleC. RITA. (Oculto tras i recodo de la montaría- ¡Enva 7 do d las otras detrás, se aleja canttirreando entre rique... dientes. JUANÓN y SUKTA saleft con él hasta el caV o z OPACV en las cumbres. ¿Qué? 77ii no, y qiíeda 7 t contemplándose absortos frente afrente. C. 4. RIT. ¿Vas b i e n así... Una ráfaga fría les azota. Un el cielo se ha ocultado la L A VOZ. ¡Sí! luna, y parpadean refttlgcntes los astros. CARITA. ¡Adiós... JUANÓN. (Después de ima pausa en qiie se oye el sollozo E A VOZ. ¡Adiósl ANTONIO Z O Z A Y A DIRU. IOS HE M É N l t z B R I N C A