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driado. Cubrieron mi mesa lienzos prietos; excelentes frutos gusté por la misericordia de Dios. SuNTA. -Resígnese y calle. Hoy tiene alcatifas de césped, techos luminosos con artesonados de estrellas su bodega es el río; su música, el canto de algún pájaro montaraz. JüANÓN. ¿Ha menester la abuela de paje para recoger y lustrar la vajilla? SuNTA. Joven y hermosa he sido; así Dios me salve, antes de verme mendigando camino de Morata. No de plata en repujos eran mis medias fuentes, pero sí de buena porcelana de JuANÓJT. -Ante esas remembranzas no parece sino que torno á vivir cosas olvidadas y muertas. SuÑTA- -Quise á un mozo, joven, honrado y trabajador; pero él no lo supo, merced al artificio con que yo me complugue en hacerle sufrir. Fatigado, por fin, me olvidó. Yo entonces, triste, despechada, casé con un miserable holgazán, dispendioso. Malversó mis hijuelas, dióme mal trato, me repudió por fin y marchó no sé adonde. Poco á poco fui perdiendo la mocedad, la salud, y hube de arrastrar mi miseria por los caminos. El hombre bien amado me hubiera hecho feliz. ¿Por qué no conoció mi cariño? JüANÓN. -Pues oiga: yo también quise á una mujer; pero su mirada era fiera, hostil su ademán. Tuve miedo y huí. Más tarde me casé con otra mujer, que un día me robó mis haciendas y desapareció tiara siempre. Tuve que trabajar de gañán hasta que, caído por un despeñadero, quedé inútil de un brazo, y me vi precisado á ir por los caminos á implorar en la vejez la limosna. SuNTA. -A mi lado tuve la felicidad y no supe apreciarla. JüANÓN. -Junto á mí pasó él bienestar y elegí la desdicha. SuNTA. Después de vteditar tm- mo nento. D a m e t u i. JJ mano salva para que pueda trasponer el arroyo y guíame á aquel claro de luna. Necesito mirarte á l a cara. JUANÓN. -Deja que suelte el zurrón y el báculo. Ahora, afírmate bien... A. sí! StFNTA. ¡Madre de los Desamparados: ¿Qué miro? ¡Tú eres Juan! JüANÓN. ¡Y tú Sunta! (Pausa. El silencio es solemne en la noche nupcial. Una estrella errática pasa- por la bóveda azul y ua d hundirse tras la negra inole de la montaña. Una brisa refrigerante se desliza sobre las aguas del nanantialy se pierde en las m- asas confzt- sas de los olivares lejanos... SVNTA. (Llevándose la mano a la sien, como avergon- zada de su desaliño. Juan: ya ves lo vieja, lo miserable, lo desamparada que estoy. JUAN. ¿Y j- o? ¿No es verdad que soy una sombra? Mis piernas flaquean, mi cabeza vacila, tiembla epiléptico mi pulso. Y, sin embargo, yo hubiera sabido hacerte feliz. Contigo hubiera conquistado bienestar y riqueza. Este andrajoso pordiosero hubiera acercado á tus labios su copa de oro. ¿Por qué me miraste esquiva y huraña? SUNTA. -Yo hubiera llevado la alegría á tu hogar; le hubiera llenado de olores de juncias y sarmientos, de manjares hirvientes, de ropa limpia. Nuestras arcas hubiéranse mostrado repletas, y, desde su cuna, nos hubieran sonreído regocijados los pequeñuelos. ¿Por qué no te decidiste á hablar? JuANÓN. -No sé... Es posible que naya almas tardías, corazones que se retrasan en dar su fruto. Y ahora... (Mirándola) ahora es tarde... L, o veo... lo toco... Sólo nos espera la muerte. L- A v o z DEL ZAGAL á lo lejos. ¡María... V o z OPACA que en las cumbres modula el eco. ¡María... (Se oye lejano tintineo de collarines. Luego eljirine chacoloteo de los cascos de una reata, i Talayera. Si no hube barguolos, tuve arcones, y en ellos vuelos y randas, ó rubia y apretada semilla. JuANÓN. -Diga la abuela cómo ello fué, que yo he de escucharla á mi sabor, así llegue con el alba á la Almunia. SuNTA. -Mis veinte tuve. Era mi talle como esos juncos ribereños que se columpian eK la vega; negros mis ojos como la endrina; encarnados mis labios como ei fruto sangriento de los fresales. Perdióme mi fortuna de mayorazga. JUANÓN. -Alguien se acerca. Volvamos á las aguas que corren en la sombra, á los vagos rumores que pasan, á los soplos invisibles y fríos quese encaraman por los negros picachos. Tengo miedo de que alguien se ría de nuestro dolor. SUNTA. -Si; escóndeme; oculta mis harapos y mis arrugas. No quiero que tú mismo me veas. C A R I T A el zagal (apareciendo juizto á las casas inedia derrumbadas) ¿Quién se mueve por ahí? Hablen pronto ó disparo. JüANÓN. -Somos gente de paz; es decir, de miseria.