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Un rumor como de tempestad ahogó un momento la voz del procesado, que continuó sereno: -Y la verdá es tamién, -aunque no lo paesca mirándome á la cara! que lo maté á traisión y por la espalda; ¡sí, por la espalda, como matan los asesinos! Y... con ser eso verdá, verdá es tamién, como Dios está en los sielo, que yo ño soy un criminal, que no meresco que sobre mí y sobre los mío caiga la deshonra d un patíbulo. La voz de Juan Romero se anegó en un soüozo, y en la multitud estalló una protesta hecha de exclamaciones dolorosas, más elocuentes que toda palabra. A una pregunta de alguien del Tribunal, que se perdió en aquel torrencial gemido, contestaba el acusado: ¿Que por qué le maté, zeñó? ¡Fué... porque era ley y era ja. sta caridá pa los güeno mata á aquella fiera dañina! Pero... ¡perdónenme lo zeñore der Tribuna, que yo jablo en rasón! Desí lo que era Chamiso es desí lo que son tos esos manipulaores de infamia que viven de chupa sangre de probé, y... en vé de acaba en presidio, yegan á secretarios del Ayuntamiento, que es como desí amo der pueblo y mano erecha der casique. ¡Eso era Chamiso en Valensina! ¡No hubo enjuague político ni negosio susio que no yevara su nombre! Pero... pa abrevia: jase un año que en las elersione pá deputao, que ér se amasaba á su gusto, ayí en la taberna me pidió mi voto pá er candidato suyo... ¿Pá qué voy á desí yo quién era su candidato, si jasta las piedras lo saben, y lo probé no poemo califica á los de arriba? Su candidato era... er reverso de la meaya der mío, que es m ¿niño... es desí, mi amo, er zeñó D. José Varga, la honra é lo zeñore y... ¡lo que yo más quiero en er mundo, al iguá é los hijos é mi arma! Entre un... cahayero como er candidato é Chamiso y un zeñó como mi amo... ¿á quién iba á vota un hombre honrao, man que no fuese aemás d honrao, agraesío... ¡Vamos! ¡Voté á quien mandaba mi consietisia! Cuando Chamiso lo supo, un día, saliendo ér de la taberna, me entrecogió contra una esquina y me sortó al oío esta palabra: Romero, te mandé, ¡asínmesmo, fe mandé! que votase á D Fulano; m has desobeesío; eso... naide lo jiso en el pueblo de barde. ¡Ya sabes cómo las gasto! ¡No te digo má sino que tienes ensima la sentensia ¿muerte! Conque... ¡aprepárate ar viaje! Y se esapareció como arma condena. Ar prensipio... ¡yo que en jama tuve miedo sino á Dio y ar cólera! me reí de la amenasa d aquer cobardón de cara é tísico y andaré de sacristán. Pero aluego vino er cavila y el ata cabo. Chamiso me la había jurao, y... ¡tos sabíamo en er pueblo er fin que tuvieron lo desgrasiao á quien se la juraba Chamiso! ¡Uiia puñalá ó un tiro po la esparda en la encrusijá d un camino eran la venganza negra d aquer mal arma, con quien naide s altrevía! Y aqueya idea d una muerte repentina y paga, donde la tierra no lo sintiera; aqueya idea de cae abrasao de un tiro ó partió d un navajazo, de noche y solo 3- desángrame y morí, sin auxilio de naide, en una gavia yena d arpechín ó en un matorral serrao, y deja á mi mujé y á mis hijos sin pan y sin amparo... ¡aqueya idea m agujereaba la cabesa como una barrena sorda, y me espantaba el sueño y me quitaba la jambre y jasta me nublaba er sol del cielo! Cuando me sentaba con mi mujé y mis hijos ante la casuela é sopa, que ante me paesía regalo é prínsipe... ná má que en míralo á eyo y pensá que un día sadría yo... ¡pá no gorvé! y que mi vía y la de los peaso de mi arma cuanto soy y cuanto tengo estaba en mano d un asesino cobarde, se me anuaba la garganta, y ya no comía y no dormía; no asosegaba. ¡No jablaba ya ni con lo mío, porque ni salsía mentirle ni podía esirle la verdá! ¡Y yo, triste; yo, cayao; yo, sin sueño, ni alegría, ni pas é Dios en mí casa... ¡Yo así, no era yo! ¡Estaba peor que el reo en capilla, porque al verdugo se le ve venir, y el asesino mata como er rayo! ¡Y se me escapaba la vía, y er pensá se me jasía noche! ¡No sé... pero por donde yo iba se va al sementerio ó á la casa é locos! Y un día, en meta d aquer camino, me pare y me dije á mí mesmo: Juan, vamos á cuenta: entre Chamiso y tú, ¿quién vale má? ¡Tú! ¿Verdá? ¿Quién es er malo, er que no paga con sien vías, por ladrón, asesino y verdugo de los probes? ¡Pues ér, Chamiso, el hombre más. desalmao que nasió é madre! Luego ¡lo justo é que tú viva y que ér muera! Pero esa justisia... ¿quién la jará, si tú no eres naide y ér lo é tó en er pueblo y en Seviya y jasta con los que mandan en Madrí? ¡Pue esa justisia la jarás tú, y Dios, que ve tu rasón, te perdonará... como lo jusgué y le salió senlcnsia e muerte... jise justisia, y... ¡le maté! Pero... ¡dende que le maté, se me murió á mí el arma en el cuerno, la tranquilidá de mi consiensia de hombre honrao! Y la noble cabeza de Juan Romero se dobló como herida por invisible goipe ele muerte, ijna exclamación intranscribible exhalóse del público; una voz colectiva, mitad orotesta, mitad gemido, c ue afirmaba inocencia y suplicaba perdón. El Jurado se retiró á deliberar. Ea multitud callaba; pero en ¿a conciencia de todos estaca la absolución de Juan Romero... ¡Y acertó la conciencia! BLANCA DE EOS RÍOS DE EAMPEREZ DIBUJOS DE MEDINA VERA