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ilfe t: f M M i tl X V -V V i U l 10 V i N JL X l i Lreloj d é l a plaza Alta ha sonado dos veces con vibraciones de caldero roto. Sobre el cielo azul pasan, empujadas por el Levante, blancas nubes. Las grandes losetas basálticas, bruñidas y resbaladizas de las anchas y solitarias calles, brillan iluminadas por la luna. Una gran paz cae de lo alto. Vengo de trabajar; V 03 á dormir. Atravieso la villa andando muy despacio, dejándome ir automático; complaciéndome en escuchar el eco de mis pisadas lentas; dejando correr las inquietudes de mi pensamiento, que me llevan muy lejos; evocando el recuerdo de cosas que fueron y que poco á poco llenan mi alma con pía ternura... Un cuchicheo vago suena á mi lado al pasar junto á un bulto, junto á un hombre que en pie, delante de u n a alta reja de complicada ferretería, extiende los brazos, formando con los pliegues de su cana una cortina que protege el interior contra mi rápida, indiscreta ojeada. Vuelvo la esquina, sigo la calle adelante, y otra vez el suave murmullo, ahora más sonoro, con dejos de canturria dulzona, zumba en mi oído. Es Ella la que habla, mientras El escucha embelesado, cubriendo también con los pliegues de su capa los retorcidos hierros de la reja; y más allá, en la calle de enfrente, el rítmico zumbido de otra vocecita ceceante y amorosa que me hace sonreír á pesar mío, y mirar curioso pretendiendo adivinar tras la celosía, suena confuso, formando con los otros susurros, que ya apenas percíbense lejos, algo semejante al rumor de preces musitadas bajo las bóvedas de una iglesia. Y por todas partes resuena como un bordoneo infinito el cántico al amor, los rezos de la oración suprema, uyos fervores suben desde las entrañas ávidas hasta los labios húmedos, en oleadas candentes. Y entonces bajo la cabeza y apresuro el paso, obseso ñor aquella armonía incomparable, formada por la cadencia incierta de tantas vocecitas que murmuran melosas, surgiendo del fondo obscuro de las celosías morunas, y sonrío otra vez, y huyo como u n sacrilego amable que no quiere turbar los ritos de un templo extraño adonde le condujo el azar de una excursión aventurera, y detrás de mí sigue, allá lejos, creciendo, hasta que el gallo canta y el alba clarea, el rumor insinuante, marcador, místico, vibrante... í vis PARÍS AtgeciraSy looó DIBUJO DE MÉNDEZ BRINCA