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periencias científicas cayeran bajo la sanción del Código correspondiente; y, como no pueden hacerlas in anima vili, buscan individuos de otras especies aptoa para soportar un ensayo general, después de haber servido para los ensayos previos. Hay, pues, muchos animales que deberían ser declarados beneméritos de la humanidad, aunque no se sabe si protestan de su generoso papel. Los conejillos de Indias, particularmente, pueden considerarse como precursores del hombre del porvenir. Se realizará, por tanto, la trasplantación de ríñones en la especie humana, ya que ha resultado perfecta la operación de prueba. Y como no podemos atribuir al riñon un privilegio que no merece por ningún concepto, lógico es suponer que se trasplantarán igualmente otros órganos del cuerpo humano, ya internos, ya externos, j a mediopensionistas. Y ¡oh, qué revolución causará esta conquista en la sociedad que tenga la suerte de consolidarla! Cierto que al principio sólo disfrutarán de sus beneficios las personas pudientes, pues los primeros vasos y los primeros órganos que se ofrezcan para el trasplante tendrán unos precios fabulosos; pero abaratadas las mercancías por las excesivas demandas y por la enorme concurrencia del mercado, hasta los ciudadanos más modestos adquirirán lo que les sea preciso por muy poco dinero. Un órgano cualquiera costará poco más de lo que hoy cuesta un periódico, que también es un órgano de la opinión. Y tomar un vaso sanguíneo será tan fácil como el tomarse una copa de aguardiente. Los ciudadanos indigentes y faltos de ocupación podrán ganarse la vida, aprovechándose de sus condiciones naturales, sólo con ofrecer directamente á quien lo necesite, ó á los acaparadores si les urge, los vasos ó los órganos que no les sean muy precisos: el estómago, por ejemplo. Y se leerán en los periódicos á. ft trust anuncios como éstos: Se trasplanta un riñon en buenas condiciones Se ofrece un bazo en perfecto estado de conservación. Brazos, antebrazos, piernas, pies y manos naturales á la medida. Hay un estómago que no ha dolido nunca. Se venden intestinos lavados y planchados: grandes rebajas y comisiones. Corazones tiernos con garantías. Acaba de recibirse un hígado de persona de buenos antecedentes... etc. etc. ¡Felices los tataranietos de los bisnietos de los nietos de los hijos de nuestros hijos... Ellos podrán comprarse un riñon como quien se compra un gabán de pieles; remendarse el esófago como hoy se remiendan las botas; cambiar de vasos en el cuerpo lo mismo que en el aparador... En sus tiempos ¡ay! verdaderamente afortunados habrá éstos ó parecidos diálogos: ¿Qué has tenido? ¡Un riñon que me ha molestado lo indecible! -Pero ¿fué el tuj O ó el que te trasplantaron de aquel muchacho? -Éste pulmón derecho me ha salido muy malo. ¡Cómprate otro inmediatamente! ¿Qué te ha pasado con tu suegra? -Lo de siempre. ¡Otra pelotera! Ayer me tiró á la cabeza un plato y me rompió dos copas de cristal y tres vasos sanguíneos que íbamos á trasplantar á Jacintital ¡Feliz edad... Las personas amantes de su familia podrán dejar en su testamento, además de sus bienes de todas ciases, un hipocondrio, un bronquio, la laringe ó lo que les parezca... -Mire usted si me querría mi pobrecita esposa- -dirá un marido inconsolable, -que al morir dispuso que se me entregara hasta su glándula tiroides! GIL PARRADO niEUJOS TIE XAUD. iKO