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RDISFRUTAMOS hace tiempo de un número respetable de adelantos científicos, que nos permiten iVy P realizar ciertas cosas consideradas siempre como imposibles. Y hemos expresado ya la admiración qne nos producen tales prog resos, no sólo en magníficas estrofas, pero también con música callejera. ¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad! Será preciso, sin embargo, continuar admirados, ya que de día en día esos adelantos son más grandes, más estupendos, más incoraprensibles. El último de que tenemos noticia parece siempre el más extraordinario de todos. Ahora mismo un profesor de Breslau acaba de asombrarnos con uno de esos avances prodigiosos. El ilustre doctor ha presentado al Congreso de Medicina y Ciencias Naturales, reunido en Stuttgíirt, una Memoria sobre la trasplantación de vasos sanguíneos y órganos de un individuo á otro. El profesor Garre (que asi se llama el sabio y eminente trabajador) explica el proceso de esa idea y los estudios realizados hasta el día para hacerla práctica. Y presenta en seguida algunos casos, llevados á cabo por él mismo, en virtud de los cuales puede considerarse resuelto ese maravilloso problema. Si en el mundo científico ha causado enorme sensación el descubrimiento, páralos profanos será motivo de largas meditaciones. Eso de que pueda llevarse adonde se quiera un vaso sanguíneo como si fuese un vaso de vino ó de cerveza, trastorna definitivamente nuestro concepto de la cristalería. Y el trasplante de órganos de un terreno á otro, ni más ni menos que si fueran árboles, nos hace creer que en la arboricultura 3 en la jardinería está el germen de la cirugía humana. No es tan audaz como parece el decir: este hombre es un alcornoque duerme como un leño estás hecho un tronco cabeza de corcho y otras frases análogas. ¡Admiremos una vez más el legendario instinto popular, que ha sabido anticiparse poéticamente á la ciencia moderna! El experimento más concluj cnte presentado por el profesor Olarré, ha sido el trasplante del riñon de un perro al cuerpo de otro perro. El éxito fué absoluto. El riñon siguió realizando con regularidad las funciones de su competencia en el nuevo alojamiento, y el perro continuó viviendo feliz y satisfecho. No sabemos si dedicaría un ladrido de reconocimiento á su hermano sacrifica- do... Aunque es posible que no, pues la permanencia del perro jurito al hombre le hace participar de la ingénita ingratitud de nuestra raza. Fácilmente se comprende que esa operación, fruto de tan largos estudios y de trabajos tan penosos, no se ha hecho pensando en la raza canina, aunque ésta pueda disfrutar de sus beneficios. No. B; sa conquista es en provecho del hombre, como todas las que realizan los sabios. Claro es que ninguno se atreve á practicar sus ideas audaces en cualquiera de sus semejantes, por miedo á que las ex-