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l EvisT A Axo xvr ILUSTRADA NU. M. 809 Í I I A D I Í I D Í 3 1) 10 IsOVIEMBKB I) i 190 G mS í 5- í EL CORSÉ PSICOLÓGICO A i e i r a civil, que hizo presa en las breñas del Xorte, bajó desparramándose al hervor de su sanjrre, y para contenerla, se forzó y abultó el cuerpo intercadente de nuestro lyército, cubriendo los luiecos de la oficialidad con relleno de bncliilleres. y el tamiz, de los soldados con paletos sin domar; de todo lo cual se formó una gran serpiente de carne y hierro lanzada con ferocidad al pasto cotidiano de las balas, basta que, agotadas sus fuerzas naturales, se retiró la ola de la guerra, dejando por doquiera, al descubierto, montones de cadáveres. Pnitonccs, á la gran serpiente inqirovisada, a rovechado su esfuerzo, la fueron reprimiendo, estrechando, conteniendo y replegando, hasta meterla en la cifra de un presupuesto, y con los apretujones cjue la dieron al forzarla, saltáronle multitud de oficiales excedentes, con sueldos menguadisinios para recompensa y excesivos para regalados. líntre aciueilos oficiales se encontraba un D. Diego de linajudos y rancios apellidos, casado con la huérfana de un coronel que también de virreyes descendía, como el 70 por 100 de los esjiañoles, y andaos del brazo, él ostentando el uniforme de cajntáu y ella luciendo las plumas de gran señora, fueron á esconder su pobreza y á devorar su sueldo á una mezquina casa que no tenía de bueno más que el portal y la fachada. (írandes respetos guardábale T) TMego al uniforme, grandes también al lejano recuerdo de sus ante ¡lasados, y antes cjue cometer acción (pie, á su juicio, desdorase tan nobles prendas, Imbiera oreferido ¡erder la vida; or eso desechaba c (ui altivez las ocupaciones y los empleos cjue no guardaran consonancia con el alto concejjto (pie de sí mismo y de los suyos tenía; por lo cual empeñó sus ropas, cansó á sus parientes, csp. antó á sus amigos y gimió bajo la pesadumbre de sus hijos y de sus deudos, sin más apoyo pie aipiel sueldo mermado y retenido. Murió la nuulre de Beatriz, que así la esposa de D. Diego se llamaba, dejando á su hija por toda herencia una humilde casa en cierto pueblo de la Mancha, y allí se fueron el matrimonio y s us lujos pensando qufe con la economía de la casa y la baratura de los alimentos podrían vivir en el puelaio