Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Ai i N T Ya vienes otra vez, callada y trisfcü eomo la muerte; dulce y misteriosa como ensueño del alma enamorada, y o ra vez en tu espera nos hallamos, iieles á nuestra cita, porque no has de faltar, porque tú sola encarnas la constancia verdadera, imnosible de hallar entre nosotros. Bendita noche, que tan bien nos amas; ¿qué misierio divino desciende al corazón en tu presencia, que las luchas del día nos parecen de un escaso valor, eomo recuerdos perdidos en la sombra del pasado? ¿Será, t. u hermosa paz, tu ambiente suave, la causa de tan hondas sensaciones? Puede serlo también una esperanza de un alto más tranauilo, más profundo, en la constante lucha, de una noche aún mejor que la presente, en que haya más quietud para los cuerpos y mayor lucidez para ias almas. (Sé bien venida, pues, dulce promesa de otra más dulce paz, de otro reposo eterno como el Dios de lo oreado, de otra calma infinita, contra la cual, ahondando en el progreso, nada puedan los siglos ni los hombres! iPaz, consuelo, placer... Y aún, generosa, brindas lo que se anhela sobre todo; Ilibertad! Pero no la que pedimos al mendigar reformas que aminoren la tirana opresión, la labor ruda; no la que ofrece mejorar la vida aliviando fatigas corporales, sino Tina libertad más poderosa; ¡inmensa, eomo el cielo que nos cubre! Suavemente auebrsndo ias cadenas que al mundo nos sujetan, á favor de tu mflujo bondadoso, parécennos los sueños realidades que da forma feliz nuestro deseo, burlador del destino. I Qué mayor Ubertad que la del almal Si siente anhelos de gozar riquezas con ayuda de ti, no tarda mucho en encontrar espléndidos tesoros ocultos en la sombra; si palacios también, la fantasía sobre cimientos de aire los edifica hermosos, sorprendentes... Si hallar amor en la mujer amada, la misma que sabemos nos desprecia ¡muéstrase á nuestros ojos en la noche, evocada por mágico deseo, amante y compasiva... ¿Quién es el dueño aquí? ¿Quién el que manda? Tú eres, noche, la bella protectora de tristes y oDrimidos, pues no hay mayor consuelo para el hombre que hallar, en las desgracias de la vida, un regazo amoroso como el tuyo, donde pueda llorar sin amargura ¿Engaño... Verdad es; pero ¡quién sabe si no es engaño todo lo que vemos! Quien no quiere ver más que lo visible no podrá ser feliz; acaso nunca llegarémoslo á ser, que nos lo veda la presión formidable de nuestra propia obra; pero acaso, ya que en el mundo real todo es mezquino, el recurso mejor es soñar mucho... ¡Es tan dulce soñar... Y aunque engañoso, ¡dónde habremos de hallar otro consuelo, si estamos educados en un mundo en que, vencidos por pasión exíraña, juegan engañadores y engañados á ver quién es el último que engaña! nJBUJO OE VÁRELA FERNANDO CA 1, V 0